La ampliación de la ley
El Sermón del Monte nos desafía a profundizar en la ley de Dios y en nuestro propio corazón. Muchas personas que escucharon a Jesús predicarlo se enorgullecían de lavarse las manos, de orar y ayunar con regularidad, de devolver el diezmo, etcétera. Se centraban en ciertos aspectos externos que los hacían quedar bien, mientras descuidaban cuestiones más serias relacionadas con el corazón. Al enseñar el significado espiritual más profundo de la ley, Jesús les mostró los pecados que obstaculizaban su relación con Dios. Estas mismas cuestiones siguen siendo un desafío en nuestra relación con Dios hoy. Considera las palabras de Jesús:
«Pero yo les digo que cualquiera que se enoje con su hermano, será condenado» (Mateo 5: 22). Tal vez has estado justificando por qué les gritas a tus seres queridos. ¿Hasta qué punto está afectando tu enojo tu relación con Dios, por no mencionar la relación con aquellos con los que realmente estás enojado?
«Pero yo les digo que cualquiera que mira con deseo a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Así pues, si tu ojo derecho te hace caer en pecado, sácatelo y échalo lejos de ti» (Mateo 5: 28-29). Cortarte la mano o el pie, o sacarte el ojo porque te hacen pecar es algo extremo. Se supone que debe serlo, pero es así como Jesús ve el pecado y su impacto en nuestra vida. Pídele a Dios que elimine la lujuria de tu corazón, porque es una barrera para tu relación con él.
«Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen» (Mateo 5: 44). Deja de odiar a tus enemigos. Cuando sientes algo negativo hacia aquellos que te maltratan, se levanta instantáneamente una barrera en tu relación con Dios. Comienza a orar por ellos y observa cómo esto cambia no solo tu caminar con Dios, sino también tu relación con los demás.
«No lo publiques a los cuatro vientos, como hacen los hipócritas […] para que la gente hable bien de ellos» (Mateo 6: 2). ¡Deja de decirle a todo el mundo lo bueno que eres! Sé humilde, como Jesús.
«No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros» (Mateo 7: 1-2). Para ya de ser tan crítico y de juzgar a los demás. Dios es el juez, así que deja que lo sea (ver 1 Corintios 4: 5).
Estas son solo algunas de las áreas que nos hacen tropezar. Jesús amplió la ley para mostrar a las personas más religiosas que también son culpables ante Dios y necesitan un Salvador.
¿Cómo ves tu condición ante Dios? ¿Cuán seriamente consideras el pecado?
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 09 «EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
