Esperanza para los no cristianos
«Entre los paganos hay quienes adoran a Dios ignorantemente, quienes no han recibido jamás la luz por un instrumento humano, y sin embargo no perecerán. Aunque ignorantes de la ley escrita de Dios, oyeron su voz hablarles en la naturaleza e hicieron las cosas que la ley requería. Sus obras son evidencia de que el Espíritu de Dios tocó su corazón, y son reconocidos como hijos de Dios».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 70, p. 608
«Las castas son algo aborrecible para Dios. Él desconoce cuanto tenga ese carácter. A su vista las almas de todos los hombres tienen igual valor. “De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros”. Sin distinción de edad, jerarquía, nacionalidad o privilegio religioso, todos están invitados a venir a él y vivir. “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia”. “No hay judío, ni griego; no hay siervo, ni libre”. “El rico y el pobre se encontraron: a todos ellos hizo Jehová”. “El mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”».— Ibid., cap. 43, pp. 375-376
«En la pagana África, en las tierras católicas de Europa y de Sudamérica, en la China, en la India, en las islas del mar y en todos los rincones oscuros de la tierra, Dios tiene en reserva un firmamento de escogidos que brillarán en medio de las tinieblas para demostrar claramente a un mundo apóstata el poder transformador que tiene la obediencia a su ley. Ahora mismo se están revelando en toda nación, entre toda lengua y pueblo; y en la hora de la más profunda apostasía, cuando se esté realizando el supremo esfuerzo de Satanás para que “todos, […] pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos” (Apoc. 13: 16), reciban, so pena de muerte, la señal de lealtad a un falso día de reposo, estos fieles, “irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin mancha”, resplandecerán “como lumbreras en el mundo” (Fil. 2: 15). Cuanto más oscura sea la noche, mayor será el esplendor con que brillarán».— Elena G. de White, Profetas y reyes, cap. 14, p. 126
1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 05 «JESUS Y EL HINDUISMO»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
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