Más cerca de lo que crees
«La mano que sostiene los mundos en el espacio, la mano que mantiene en su disposición ordenada, y en constante actividad, todo lo que existe en el universo de Dios, es la mano que fue clavada en la cruz por nosotros. […] El Creador de todo fue quien ordenó el crecimiento y desarrollo de todos los recursos a fin de satisfacer nuestras necesidades. Él fue quien hizo provisión en el mundo material para satisfacer todo anhelo implantado por él mismo. Él fue quien nos creó con la capacidad de conocer y amar. Y él, por su propia naturaleza, no puede dejar de satisfacer los anhelos de nuestra alma. Ningún principio intangible, ninguna esencia impersonal o mera abstracción puede saciar las necesidades y los anhelos de los seres humanos en esta vida de lucha contra el pecado, el sufrimiento y el dolor. No basta con creer en la ley ni en proclamar la obligatoriedad de su obediencia, el legalismo no tiene piedad ni se compadece de los que claman por ayuda. Necesitamos saber que existe un brazo todopoderoso que nos puede sostener, de un Amigo infinito que se compadece de nosotros. Necesitamos estrechar una mano cálida y confiar en un corazón lleno de ternura. Y precisamente así se ha revelado Dios en su Palabra».— Elena G. de White, La educación, cap. 14, pp. 118-119
«Si estamos dispuestos a prestar atención, las obras que Dios creó nos enseñarán valiosas lecciones de obediencia y confianza. Desde las estrellas que en su carrera sin huella por el espacio siguen de siglo en siglo los derroteros que les asignó, hasta el átomo más diminuto; todo en la naturaleza obedece a la voluntad del Creador. Y Dios cuida y sostiene todo lo que creó. El que sustenta los innumerables mundos diseminados por la inmensidad, también tiene cuidado del gorrioncillo que entona sin temor su humilde canto. Cuando los hombres y las mujeres van a su trabajo, o están orando; cuando se acuestan por la noche o se levantan por la mañana; cuando el rico se sacia en su mansión, o cuando el pobre reúne a sus hijos alrededor de su escasa mesa, el Padre celestial vigila tiernamente a todos. No se derraman lágrimas sin que él lo note. No hay sonrisa que para él pase inadvertida.
»Si creyéramos implícitamente esto, desecharíamos toda ansiedad indebida. Nuestras vidas no estarían tan llenas de desengaños como ahora; porque cada cosa, grande o pequeña, se dejaría en las manos de Dios, quien no se confunde por la multiplicidad de las preocupaciones, ni se abruma por su peso. Entonces nuestra alma gozaría de un sosiego que muchos desconocen desde hace largo tiempo».— Elena G. de White, El camino a Cristo, cap. 10, pp. 126-127
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2026.
1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 03 «DISEÑO DIVINO»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
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