«Cuando Jesús llegó a la otra ribera, a la región de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salieron de los sepulcros».
Mateo 8: 28
Después de una noche turbulenta en alta mar, Jesús y sus discípulos finalmente desembarcaron en Gadara, una ciudad costera que pertenecía al territorio de Decápolis. Al bajar del barco, fueron sorprendidos por otra «tormenta», esta vez más intensa y temible. Dos hombres desnudos, poseídos, con cadenas que les colgaban por todo el cuerpo, vinieron hacia ellos como un tsunami impetuoso. Inmediatamente, los discípulos huyeron, pero Jesús permaneció en el mismo lugar.
No sé si alguna vez has presenciado una escena de estas. Es algo que no vale la pena describir. Probablemente los discípulos ya habían visto personas poseídas, pero esta vez era diferente. Nada podía detenerlos. Humanamente hablando, este era un problema imposible de resolver. Expulsados de la sociedad, estaban destinados a vivir en los sepulcros, como si estuvieran en la antesala de la muerte.
Al ver a Jesús, los dos hombres corrieron y se postraron ante él. Aquí tenemos una escena impactante: el Creador de pie y los dos endemoniados arrodillados. Esta imagen resume el gran conflicto; revela la compasión de Cristo por la raza humana caída y expone la tiranía del gobierno de Satanás.
En aquel momento, Jesús ordenó a los demonios que salieran de estos pobres hombres. «Legión», el nombre de los demonios, implicaba muchos. Consideremos que en el ejército romano una legión representaba un batallón de unos seis mil hombres. No podemos ni comenzar a imaginarnos lo que sucedía en el cuerpo de estos sufrientes.
Los demonios rogaron ser lanzados sobre una piara de cerdos y Cristo accedió al extraño pedido. La intención de Satanás era hacer que la gente de la región se volviera contra Jesús debido al daño económico que causaría la muerte de los animales. Sin embargo, al ver al exendemoniado sentado, vestido y en su sano juicio, todos quedaron asombrados. Después de esto, Jesús instruyó a los hombres a permanecer en la ciudad y a testificar sobre el milagro.
Elena G. de White comenta que «quienes habían sido agentes del príncipe de las tinieblas llegaron a ser canales de luz, mensajeros del Hijo de Dios» (El Deseado de todas las gentes, p. 312).
¡No hay límites para el poder de Jesús! Él libera a los cautivos de Satanás y los transforma en instrumentos de su gracia. Ese mismo Dios está dispuesto a liberarte y usarte hoy.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Jóvenes 2026
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Kimberly Guido
