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Matinal de Jóvenes 2026

El mayor sueño de Dios

«Y me harán un santuario, para que yo habite entre ellos».

Éxodo 25: 8

Desde Génesis hasta Apocalipsis, encontramos hermosas declaraciones de que Dios desea habitar con nosotros. Él es un Padre de amor que anhela estar cerca de sus criaturas. La doctrina bíblica del Santuario, con toda su riqueza de detalles, revela este gran sueño del Eterno.

El jardín del Edén fue el primer santuario creado por Dios en la Tierra. Estaba orientado hacia el este, al igual que el tabernáculo de Moisés y el templo de Salomón. El árbol de la vida estaba en medio (betoj) del jardín, la misma expresión utilizada, en hebreo, para referirse a la presencia de Dios entre (betoj) los israelitas en el santuario (Éxo. 29:44, 45). En Génesis 3:8, encontramos al Señor paseándose (mithalej) en el jardín al atardecer. Esta misma idea aparece en Deuteronomio 23:14, donde Dios anda (mithalej) en medio del campamento de Israel.

Después del cautiverio egipcio, el Señor ordenó a Moisés que construyera el Tabernáculo en el desierto, con el fin de habitar en medio de su pueblo. Todas las medidas, utensilios y rituales fueron establecidos por Dios para enseñar al pueblo el gran plan de la redención. Cada parte y cada servicio del Santuario debía involucrar los sentidos: vista, gusto, olfato, oído y tacto. Era una forma didáctica de Dios para decir: «¡Quiero estar cerca de ustedes!».

Siglos después, el Señor ordenó a Salomón que construyera un templo. La obra duró siete años e involucró miles de toneladas de oro y plata. El objetivo era el mismo: «Viviré entre los israelitas y nunca abandonaré a mi pueblo Israel» (1 Rey. 6:13, NTV).

Tanto el Santuario de Moisés como el Templo de Salomón apuntaban a la venida del Mesías, Emanuel, Dios con nosotros. Juan 1:14 (RV95) dice: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre». El término «habitó» en griego es, literalmente, «tabernaculó». Significa que Jesús armó su tienda y habitó físicamente entre nosotros.

La Biblia también afirma que, después del milenio en el cielo, la Nueva Jerusalén descenderá a la Tierra con todos los salvos. «El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios» (Apoc. 21:3, RV95). Finalmente se cumplirá el mayor sueño de Dios: habitar eternamente con nosotros. ¿Es este también tu mayor sueño?

 

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Tomado de la: Lectura Devocional para Jóvenes 2026
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Kimberly Guido

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