«Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza».
2 Corintios 8: 9
Generalmente, nos impresionan las historias de personas que pasaron de la pobreza a la riqueza. El éxito financiero despierta curiosidad y fascinación, ya que, en nuestra sociedad, el dinero es símbolo de fuerza, influencia y poder. Sin embargo, rara vez encontramos relatos de personas que, por decisión propia, eligieron permanecer pobres. ¿Has oído hablar de un multimillonario que donó todo su dinero y se fue a vivir a un barrio marginal? No encontramos una biografía de esas a la venta en las librerías.
El versículo de hoy afirma que Jesús era rico, pero se hizo pobre por amor a nosotros. ¿En qué sentido era rico Cristo? Sin duda, en su Persona, pues él es eterno, omnipotente, omnisciente y omnipresente (Isa. 9:6). También es rico en sus posesiones y en su posición. Él es el Creador y el Dueño de todas las cosas. El salmista declara: «Tuyos son los cielos y la tierra. El mundo y su plenitud, tú lo fundaste» (Sal. 89:11).
Sin embargo, a pesar de toda esa riqueza, Cristo se hizo pobre al asumir la forma humana. El Rey de reyes dejó su trono y vino a vivir como siervo entre la raza caída (Fil. 2:7). No vino a hacer una visita diplomática, como lo haría un representante de la ONU o un embajador. El Rico habitó entre los pobres. Jesús se «inscribió en el registro civil de los miserables». No tuvo vergüenza de ensuciarse los pies, comer nuestra comida y tocar nuestra piel. Cristo podría haber cruzado los brazos ante el fracaso humano, pero decidió ser uno con nosotros.
Mientras estuvo en la Tierra, Jesús no tuvo casas, oro, animales ni posesiones. Lo único que tenía era una túnica sin costura, «toda tejida desde arriba» (Juan 19:23), símbolo de su justicia perfecta. El Hijo del Hombre no tenía dónde «reclinar su cabeza» (Mat. 8:20). Para cumplir su misión, Jesús pasó la mayor parte de su ministerio trasladándose de un lado a otro y dependiendo de la bondad de las personas para comer y dormir.
Debido a su pobreza, hoy podemos experimentar la suprema riqueza de su gracia. ¿Deseas esta riqueza? Entonces, entrégate completamente a Jesús, porque eres heredero/a del Rey.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Jóvenes 2026
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Kimberly Guido
