Ǫue no se gloríe el sabio de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza. Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme y de comprender que yo soy el Señor, que actúo en la tierra con gran amor, derecho y justicia, pues es lo que a mí me agrada, afirma el Señor (Jeremías 9: 23, 24).
En el Instituto del Templo, en Jerusalén, hay una maqueta de lo que los judíos llaman el Tercer Templo. Se trata de un proyecto que quieren realizar, según el modelo del antiguo Templo de Salomón. Con él se produciría el restablecimiento de los cultos. Aparte de esta bella maqueta, también tienen en exhibición decenas de objetos sagrados, listos para ser colocados en ese posible futuro templo: ropas del sumo sacerdote, incluyendo el pectoral incrustado de piedras preciosas con un costo cercano a 87,000 dólares; trompetas de plata; arpas de madera; bandejas para recoger la sangre de los sacrificios; un incensario, etcétera. Un candelabro de oro de 90 kilos de peso se puede ver en exhibición al público cerca del Muro de las Lamentaciones; su costo aproximado es de 550,000 dólares.
Dios mismo había definido que sería Salomón quien construiría el Templo de Jerusalén. Lamentablemente, la obra que él proyectó estuvo marcada por la extravagancia y la opresión.
Bezaleel y Aholiab habían sido elegidos y dotados por Dios con sabiduría y habilidades especiales para llevar a cabo el arte del Tabernáculo del desierto. Sus herederos, gradualmente, por avaricia y codicia, comenzaron a exigir sueldos mayores y usaron la habilidad que les había dado Dios en obras paganas que deshonraban al Creador. Entre esos hombres fue que Salomón buscó a un maestro de obras especializado para la construcción del Templo. Hiram Abi era de Tiro, y su madre era descendiente de Aholiab, pero trabajaba solo para su propio enriquecimiento e influyó en otros trabajadores para que buscaran el lujo y la extravagancia.
¿Cuáles son nuestras motivaciones para servir a Dios? ¿Lo hacemos para ser reconocidas por los seres humanos o para honrar al Creador? ¿Lo hacemos por ganancias económicas? Nuestros mejores talentos y servicios son aceptables para Dios cuando los ofrecemos para honrarlo a él y no a nosotras mismas.
En la dedicación del Templo, Salomón suplicó a Dios por los extranjeros que lo visitarían. Al principio, cuando la gente admiraba el Templo y alababa a Salomón por esa obra, él rechazaba tal reconocimiento; pero, con el transcurso del tiempo, terminó permitiendo que hablaran de él como digno de alabanza por el esplendor del edificio construido para honrar a Dios. Y hasta hoy se oye la expresión «el Templo de Salomón» en vez de El Templo de Jehová. Aprendamos de este suceso para no permitirnos caer en la debilidad de recibir la honra por los dones que el Cielo nos da.
Honra a Dios en todo lo que hagas y permite que solo a él se le dé toda la gloria.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
