«Que el adorno de ustedes no sea externo, con peinados ostentosos, atavíos de oro o vestidos lujosos». 1 Pedro 3:3
Algunas personas viven en constante preocupación por su apariencia. En su ansiedad de ser vistas o aceptadas, usan ropa extravagante, adornos e incluso se someten a procedimientos estéticos costosos. ¿Puede un joven cristiano valerse de estos recursos?
Confieso que el tema de hoy no es tan simple. Después de todo, vivimos en una realidad multicultural, compuesta por una infinidad de gustos y opiniones que afectan nuestra forma de pensar y actuar. En medio de tantos caminos, necesitamos buscar el «así dice el Señor».
El apóstol Pablo, preocupado por las presiones que amenazaban a la iglesia de su época, escribió lo siguiente: «Que las mujeres se vistan decentemente, que se adornen con modestia y sencillez, no con peinados exagerados, ni con oro, perlas o vestidos costosos» (1 Tim. 2:9, DHH).
Modestia, decencia y sencillez. Estos son principios que aún deben guiar el vestuario del cristiano. Cuando una prenda alimenta el orgullo, la vanidad y otras tendencias pecaminosas, debe ser desechada de inmediato. Necesitamos entender que somos testigos de Dios en el mundo, y la forma en la que nos vestimos cumplirá con ese propósito o no. ¿A qué reino perteneces, al de Dios o al del mundo?
Sobre el uso de joyas, Elena G. de White escribió lo siguiente: «Cuídense las personas de experiencia de no extraviar a otras por su ejemplo al respecto. Ese anillo que rodea su dedo puede ser muy sencillo, pero es inútil, y el llevarlo ejerce mala influencia sobre los demás» (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 623).
La Biblia no apoya el uso de joyas ornamentales, como aretes y collares. Es interesante notar que, cada vez que el pueblo de Dios pasaba por un avivamiento espiritual, abandonaba el uso de joyas. En Éxodo 33:5, después del incidente con el becerro de oro, Israel fue exhortado a quitarse los adornos al pie del monte Sinaí. El versículo dice que «a partir del monte Horeb los israelitas no volvieron a ponerse joyas» (NVI). Otro ejemplo es el de Jacob, quien exhortó a su familia a dejar los aretes como un acto de consagración al Señor (Gén. 35:2-4).
¿Qué adornos necesitas abandonar en tu vida? Recuerda que tú eres la joya más preciosa y que la belleza interior siempre es la más importante.
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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