Acán había albergado la codicia y el engaño en su corazón, hasta que sus percepciones del pecado se oscurecieron, y fue víctima fácil de la tentación. Los que se aventuran a acariciar una vez un pecado conocido caerán más fácilmente la segunda vez. La primera transgresión abre el camino al tentador, quien gradualmente destruye toda resistencia y toma posesión completa de la ciudadela del alma. Acán había escuchado las advertencias frecuentemente repetidas contra el pecado de la codicia. La ley de Dios, clara y positiva, había prohibido el robo y todo engaño, pero él continuaba acariciando el pecado. Como no fue descubierto y reprendido abiertamente, se hizo más osado; las advertencias tuvieron cada vez menos efecto en él, hasta que su alma estuvo sujetada por cadenas de oscuridad.
Por el pecado de un hombre, vergüenza, derrota y muerte cayeron sobre Israel. Se les retiró la protección que había cubierto sus cabezas en el tiempo de la batalla. Los diversos pecados que los profesos cristianos acarician y practican traen el ojo de Dios sobre la iglesia…
La influencia que más debe temer la iglesia no es la de los opositores abiertos, infieles y blasfemos, sino la de los miembros profesos de Cristo que son inconsecuentes. Estos son los que impiden la llegada de las bendiciones del Dios de Israel y traen debilidad a la iglesia, una mancha que no es fácil de quitar.
El cristianismo no es solo para ser lúcido el sábado y desplegado en el templo; es para cada día de la semana y para cada lugar. Sus exigencias deben reconocerse en el taller, en el hogar, y en las transacciones comerciales con los hermanos y con el mundo…
Es mejor morir que pecar; mejor padecer necesidad de defraudar; mejor tener hambre que mentir. Que todos los que sean tentados enfrenten a Satanás con las palabras: «Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien». Salmo 128:1, 2 (Conflicto y valor, 23 de abril, p. 119).
El pecado de un hombre provocó la derrota de Israel ante el enemigo. Se necesitaba algo más que oración. Debían levantarse y purificar el campamento de Israel.
¿Habéis considerado por qué todos los que estaban relacionados con Acán también recibieron el castigo de Dios? Porque no habían sido disciplinados y educados según las instrucciones dadas en la gran norma de la ley de Dios. Los padres de Acán habían educado a su hijo de tal forma que este se sentía libre de desobedecer la palabra del Señor; los principios que le habían inculcado en su vida lo llevaron a tratar a sus hijos en una forma tal que ellos también estaban corrompidos… El castigo… revela el hecho de que todos estaban implicados en la transgresión.
La historia de Acán enseña la solemne lección de que por el pecado de un hombre, el desagrado de Dios recaerá sobre un pueblo o una nación hasta que la transgresión sea descubierta y castigada. El pecado es corruptor por naturaleza. Un hombre infectado de esa lepra mortal puede transmitir la mancha a millas. Los que ocupan posiciones de responsabilidad como guardianes del pueblo, traicionan la confianza depositada en ellos si no son fieles en buscar, descubrir y reprender el pecado…
El amor de Dios nunca inducirá a disminuir la importancia del pecado; nuncaá o cubrirá excusará un mal no confesado… [La ley de Dios] tiene que ver con todos nuestros actos, pensamientos y sentimientos. Nos sigue, y penetra hasta llegar al motivo secreto que impulsa cada uno de nuestros actos. A causa de la complacencia en el pecado, los hombres son llevados a considerar livianamente la ley de Dios. Muchos ocultan sus transgresiones de la vista de sus semejantes, y se hacen la ilusión de que Dios no será estricto en señalar la iniquidad. Pero su ley es la gran norma de justicia, y cada acto de la vida debe compararse con ella en aquel día cuando Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala. La pureza del corazón conducirá a la pureza de la vida. Todas las excusas para el pecado son vanas. ¿Quién puede defender al pecador cuando Dios testifica contra él? (Conflicto y valor, 24 de abril, p. 120).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 6: «EL ENEMIGO INTERNO»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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