miércoles , 24 junio 2026
Lección de Univversitarios 2025

inTerpreta

Silencio y complicidad

Una de las partes más difíciles de entender de la historia de Acán es que toda su familia fue apedreada con él. Sin embargo, es importante señalar que los hijos de Acán no fueron castigados por los pecados de su padre. Las Escrituras condenan la injusticia de castigar a los hijos por los pecados de sus padres. La generación que apedreó a Acán y a su familia sin duda recordaba cómo Dios había salvado a los hijos de Coré cuando se negaron a unirse a la rebelión de su padre. En un momento dramático del juicio divino, Coré, sus coconspiradores Datán y Abiram, y las esposas e hijos de Datán y Abiram, fueron todos tragados porque «la tierra se abrió debajo de ellos» (Núm. 16: 31); «sin embargo, los hijos de Coré no murieron» (26: 11) sino que se separaron de la tienda de su padre y se salvaron. Sin duda, los hijos supervivientes de Coré seguían vivos en la época de Acán.

A través de la ley de Moisés, Dios estableció firmemente la responsabilidad personal: «Los padres no podrán ser condenados a muerte por culpa de lo que hayan hecho sus hijos, ni los hijos por lo que hayan hecho sus padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado» (Deut. 24: 16). En tiempos de los reyes israelitas, el rey Amasías recordó y reconoció esta ley como un importante pilar de la verdadera justicia (ver 2 Rey. 14: 6). Los profetas también reforzaron la importancia de este principio siglos más tarde (ver Eze. 18: 20). Sabiendo lo cuidadoso que era Dios de no castigar nunca a los hijos por los pecados de sus padres, podemos concluir sin temor a equivocarnos que la familia de Acán sabía lo que este había hecho, y habían guardado silencio, por eso no fueron absueltos de la responsabilidad de seguir a su padre para hacer el mal.

La tendencia humana natural es que los hijos, sean jóvenes o mayores, sigan en el mal en que caminaron sus padres. La historia de los hijos de Coré representa la excepción al patrón habitual. Por la gracia de Dios, todo aquel que pertenezca a una familia con un Acán o un Coré puede seguir el ejemplo inspirador de los hijos de Coré. Cuando hay pecado flagrante o rebelión abierta, los hijos que tienen edad suficiente para tener su propia identidad no deben ratificar ni facultar a sus padres para que hagan el mal. En estas situaciones difíciles, los hijos deben encontrar la manera de ser fieles a Dios. En los casos más extremos, cuando los pecados de los padres implican delitos, los hijos deben denunciar el delito a las autoridades, buscar ayuda y separarse de sus padres. A veces los hijos se sienten obligados a obedecer todo lo que sus padres les piden que hagan, sin importar si es moral o no (y esto vale también para los adultos); sin embargo, Pablo escribió: «Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo» (Efe. 6: 1, RVA15). Es decir, que los hijos deben obedecer a sus padres solo en la medida en que estos honren a Dios. Cuando los padres dirigen a sus hijos a deshonrar al Señor, los hijos deben mostrar que su lealtad a Dios es lo primero.

Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:

  • ¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
  • ¿Qué preguntas te surgen?
  • ¿Qué partes te parecen más difíciles?
  • ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?

¿Cómo pueden los hijos honrar a sus padres cuando sus padres están obrando mal?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 06 «UNA DERROTA INESPERADA»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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