martes , 14 abril 2026
Matinal Adolescentes 2026

El feo bonito

 

“Hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

¡Se te hace agua la boca! Imagina un postre increíblemente delicioso. El plato de porcelana blanca sostiene un lago dulce de frutas rojas que flotan entre enormes trozos de frutillas, moras y cerezas. Encima descansa una masa crujiente de coco en forma de copa. Dentro de ella, merengues dulces comparten espacio con una bola supersuave de helado de crema. Agrégale más mermelada, decora los bordes con hilos de miel silvestre y sírvelo mientras la masa tibia aún no derrite el helado.

¡Listo! Ahí tienes una de las cosas más deliciosas que he probado en la vida: la tulipa de frutos del bosque. Esta exquisitez para deleitarse se sirve en Buenos Aires, la capital de Argentina, en un barrio ultra elegante llamado Puerto Madero. ¡Es un verdadero desafío para aquellos que intentan perder peso! Hay restaurantes, cafeterías, heladerías y pastelerías que destruyen la dieta de cualquiera.

Lo interesante es que, hace veinte años, este lugar tan caro, con los edificios más lujosos del país, no era más que una zona degradante y vergonzosa. Pero los argentinos, como los barcos se hicieron más grandes, ese viejo muelle fue reemplazado por un puerto moderno; y, en pocos años, esa parte del río casi se convirtió en el escenario de una película de terror.

Pero lo “feo” desafió a los ciudadanos, quienes se unieron para transformar el lugar. Gastaron miles de millones de dólares, convirtieron los viejos depósitos en una zona de restaurantes única; construyeron puentes, pasarelas y plazas; quitaron las estructuras antiguas y levantaron edificios con precios millonarios, accesibles solo para unos pocos. Hoy en día, Puerto Madero es un símbolo de prestigio, lujo y buen gusto.

¿Ves cómo algo abandonado puede ser restaurado? ¿Recuerdas cuando Nehemías reconstruyó los muros de Jerusalén en 52 días? ¿Y cuando el pueblo de Israel convirtió el desierto en una gran ciudad itinerante? En la Biblia, puedes encontrarte con una piedra árida de la que brotó agua o con una vieja vasija de aceite que nunca se acaba.

En fin, siempre que Dios entra, todo lo bonito aparece y el mal, junto con lo feo, desaparece. Me gusta pensar en cómo el Creador restaura las cosas y las hace maravillosas. Si el ser humano hizo eso con un barrio, ¿cuánto más no hará el Dueño del universo para transformarte a ti?

Cree en eso. Pídele al cielo esta obra de transformación para tu vida.
¡Y el postre será aún más delicioso!

Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca

Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez

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