«El viento sopla por donde quiere. y aunque oyes su ruido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los que nacen del Espíritu > (Juan 3:7-8).
El 23 de agosto es el Día de Surcar el Viento, una fiesta poco conocida que anima a la gente a pasear bajo la brisa. La observancia tradicional incluye volar una cometa, volar en un avión, paracaidismo, ala delta, montar en una motocicleta, o navegar en un velero. Lo más probable es que no tengas ninguna de estas cosas apuntadas en tu calendario para ese día. Así que he aquí una manera más sencilla de celebrar dicho día: echa un vistazo a una fascinante historia bíblica sobre el viento.
Un fariseo llamado Nicodemo se escabulló por la noche para hablar con Jesús sin que nadie lo viera. Jesús hizo que su conversación nocturna fuera aún más intrigante cuando le dijo que los seguidores de Dios tenían que nacer de nuevo. El líder judío pensó que las palabras de Jesús eran absurdas, y «le preguntó: «¿Y cómo puede uno nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso podrá entrar otra vez dentro de su madre, para volver a nacer?»» (Juan 3: 4). Jesús se lo aclaró rápidamente: «No te extrañes de que te diga: «Todos tienen que nacer de nuevo». El viento sopla por donde quiere, y aunque oyes su ruido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los que nacen del Espíritu»» (versículos 7-8).
El viento, explicó Jesús, es real, aunque no podamos verlo. Del mismo modo, nacer de nuevo es real, aunque tampoco podamos verlo. El viento invisible agita la hierba y azota a los árboles. Del mismo modo, cuando invitamos al Espíritu Santo a vivir en nuestras vidas, es un acto invisible, pero que tendrá consecuencias visibles. Gálatas 5: 22-23 dice que esos resultados visibles son «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio».
No sucederá de la noche a la mañana, pero poco a poco seremos transformados por el Espíritu. Día a día nuestros hechos y nuestras palabras demostrarán que el viento del Espíritu ha estado soplando a través de nuestras vidas.
Ponlo en práctica: Invita al Espíritu Santo a entrar en tu vida. Aunque no puedas verlo, confía en que Dios está contigo.
Ponlo en oración: Ora para que el viento del Espíritu sople a través de tu vida.
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana
