«Le dijo la mujer: «Sé que ha dé venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas». Jesús le dijo: «Yo soy, el que habla contigo»»
Juan 4: 25-26.
La historia de la mujer samaritana es por demás extraordinaria. Pone de manifiesto las facetas de cómo Jesús trata a los intocables. Cualquier dirigente religioso tendría cuidado de hablar con una mujer de esta reputación, mucho más en un lugar apartado y solitario.
Algunas de las características de esta mújer eran muy obvias: había tenido cinco maridos, vivía con una nueva pareja, era samaritana, quizá idólatra, era una mujer adúltera, con una vida acostumbrada al pecado. Jesús no tenía prejuicios raciales, religiosos o sociales y se podía relacionar fácilmente con toda persona, a tal punto que su conducta generaba escándalo y controversia. Dios sabe quién es religioso pero guarda la hipocresía bajo una máscara de pieda, la cual no le hace sentir la necesidad de arrepentimiento. Asimismo, también conoce a la gente sincera que vive una vida de pecado, pero que tan pronto como conoce la verdad abandona su pecado y se entrega a él con toda su fuerza
El diálogo de Jesús con la samaritana va de menos a más. El Señor rompe el hielo pidiéndole que le dé de beber. ¿Cómo le pidió de beber un judío? ¿No sabía qué los judíos y los samaritanos no se hablaban entre sí? Es maravilloso ver cómo Dios trabaja con las personas; escoge una estrategia para cada una porque estan diferente de las demás que no impresiona su corazón de la misma manera que a otra. La táctica con la samaritana fue llevarla poco a poco de interés a interés hasta que ella le dijo: «Señor, me parece que tú eres profeta» (Juan 4: 19). «Yo soy, el que habla contigo» (.Juan 4: 26); contestó. Una sola charla cambió la vida de esta mujer. No necesitó una serie de estudios bíblicos para creer ni tampoco señales milagrosas; su corazón se abrió a las palabras de Jesús, creyó en él y le entregó su vida.
¿Cómo estás tú? ¿Te consideras intocable? ¿Tu reputación es mala? Recuerda que Jesús no tiene prejuiciosy que no le importa quién dice la gente que eres. Tampoco le importan las etiquetas que te hayan colgado: adúltero, borracho, mentiroso, hipócrita, drogadicto, prostituta, malvado, asesino, ladrón o más. Él es el Dios de samaritana, pero también es tu Dios, el Dios de los intocables, y todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
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