miércoles , 30 septiembre 2026
Matinal Para Adolescentes 2018

El anillo perdido

 

“Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que había perdido”, Lucas 15:9.

He perdido mi anillo de boda dos veces. Y cuando digo «perder» no me refiero a perder como cuando lo dejas en el baño y lo encuentras unos días más tarde. Quiero decir perder como en ¿dónde puede estar?

La primera vez, estaba tomando un descanso en el trabajo con los compañeros, caminando por un campo cubierto de hierba para respirar un poco de aire fresco. En algún lugar, a lo largo del camino, el anillo se deslizó de mi dedo. Cuando me di cuenta de que ya no lo llevaba puesto, ya estaba de vuelta en mi oficina, y no podía imaginar dónde podría haberlo perdido. Durante días, mis amigos y yo usamos nuestros descansos para volver sobre nuestros pasos, manteniendo los ojos fijos en el piso. Sin embargo, la hierba era demasiado alta y la zona demasiado vasta, por lo que finalmente renuncié a toda esperanza de encontrarlo. Sorprendentemente, semanas después otro colega, que ni siquiera sabía que había perdido mi anillo, lo encontró (su vista de águila puede atribuirse a años de caza de tesoros y reliquias con un detector de metales).

Un año más tarde volví a perder el mismo anillo al caminar por nuestro vecindario. Una vez más no me di cuenta de que faltaba hasta que estaba a kilómetros de distancia. Mi esposo y yo pasamos horas caminando por las calles, mientras trataba de recordar las aceras por las que habíamos caminado. Los vecinos salieron a animarnos mientras lo buscábamos. Y una vez más, para el asombro de todos, encontramos el anillo.

Después de perder ese pequeño tesoro, y de pasar horas y horas en su búsqueda, estaba entusiasmada por haberlo recuperado. Cuanto más tiempo ha estado algo perdido y cuanto más imposible parece encontrarlo, mayor es la alegría al recuperar lo. De alguna forma, entiendo la historia en Lucas 15 de la mujer que busca una valiosa moneda de plata: «¿Qué mujer que tiene diez monedas y pierde una de ellas, no enciende una lámpara y barre la casa buscando con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: «Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que había perdido»» (Lucas 15: 8-9). Lucas continúa explicando que Dios se regocija cuando encuentra a personas que estaban perdidas: «Les digo que así también hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se convierte» (versículo 10). Dios nunca deja de buscarnos, y cuando nos encuentra, ilo celebra!

Ponlo en práctica: Deja de esconderte, Dios pueda regocijarse de encontrarte.

Ponlo en oración: Agradece a Dios por amarte lo suficiente como para buscarte en todo momento y en todo lugar.

#MatinalDeAdolescentes
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias

Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana

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