“Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien su majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro”, Daniel 3:18.
Sadrac, Mesac y Abednego estaban ahora jugando con fuego. Una cosa era pedir su propia comida especial, como lo hicieron cuando llegaron por primera vez a la corte del rey, y otra completamente distinta negarse a inclinarse ante la imagen de oro. Eso era simplemente inaceptable.
El rey Nabucodonosor hablaba en serio cuando se refería a su estatua. Sus órdenes habían sido muy claras: «Todo aquel que no se arrodille y adore a la estatua, será arrojado inmediatamente a un horno encendido» (Daniel 3: 6). Pero Sadrac, Mesac y Abednego no habían llegado tan lejos para ahora retractarse. Ellos adoraban a un solo Dios y se negaban a doblar sus rodillas ante la imagen de Nabucodonosor. Ante la orden de inclinarse, ellos podrían haber fingido que estaban entretejiendo sus sandalias, mirando un insecto en el suelo o cualquier otra artimaña para cubrirse las espaldas frente a las autoridades. Pero no condescenderían de ninguna manera.
Cuando al rey le llegó la noticia de que los tres jóvenes no se estaban inclinando ante la estatua, se enfureció y les exigió una explicación. De una manera serena y segura, los jóvenes declararon: «No tenemos por qué discutir este asunto. […] Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno y de todo el mal que su majestad quiere hacernos, y nos librará. Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien su majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro» (versículos 16-18).
La respuesta simple pero firme de los jóvenes dice mucho: ellos creían que Dios podía salvarlos, pero «aun si no lo hiciera», igual permanecerían firmes.’ Estaban dispuestos a mantenerse en sus convicciones, aunque eso significara morir.
Ponlo en práctica: ¿Hay algún aspecto de tu vida en el que sientes que Dios te está pidiendo que te mantengas firme en tus convicciones? ¿Te mantendrás firme en tus creencias, incluso aunque no estés seguros de las consecuencias?
Ponlo en oración: Agradece a Dios por cuidarte y defenderte siempre.
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2018.
“¿Y Entonces…?”
Por: Heather Quintana
