sábado , 3 octubre 2026
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Notas de Ellen G. White 2026

Abraham, El Defensor Del Pacto

 

 

Así como la Biblia presenta dos leyes, una inmutable y eterna, la otra provisional y temporal, así también hay dos pactos. El pacto de la gracia se inició primeramente con el hombre en el Edén, cuando después de la caída se dio la promesa divina de que la simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza. Este pacto puso al alcance de todos los hombres el perdón y la ayuda de la gracia de Dios para obedecer en lo futuro mediante la fe en Cristo. También les prometía la vida eterna si eran fieles a la ley de Dios. Así recibieron los patriarcas la esperanza de la salvación.

Este mismo pacto le fue renovado a Abraham en la promesa: ‘En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra’. Esta promesa dirigió los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió Abraham, y confió en Cristo para obtener el perdón de sus pecados. fue esta fe la que se le contó como justicia. El pacto con Abraham también mantuvo la autoridad de la ley de Dios. El Señor se le apareció y le dijo: ‘Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.’ El testimonio de Dios respecto a su siervo fiel fue: “Oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”.

El pacto hecho con Abraham fue ratificado mediante la sangre de Cristo, y es llamado el ‘segundo’ pacto o ‘nuevo’ pacto, porque la sangre con la cual fue sellada se derramó después de la sangre del primer pacto (La fe por la cual vivo, 12 de marzo, p. 79).

Después del diluvio, la población de la tierra creció una vez más, y la maldad también creció… Finalmente el Señor abandonó a los endurecidos transgresores para que siguieran sus propios malos caminos, mientras escogía a Abraham, de la descendencia de Sem, y hacía de él el guardador de la ley para las generaciones futuras…

Aunque este pacto fue hecho con Adán, y más tarde se le renovó a Abraham, no pudo ratificarse sino hasta la muerte de Cristo. Existió en virtud de la promesa de Dios desde que se indicó por primera vez la posibilidad de redención. Fue aceptado por fe: no obstante, cuando Cristo lo ratificó fue llamado el pacto nuevo. La ley de Dios fue la base de este pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, colocándolo en situación de poder obedecer la ley de Dios (La maravillosa gracia de Dios, 5 de mayo, p. 133).

 

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECIA»
Lección 02 «EL LLAMADO DE UN PROFETA»
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez

 

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