miércoles , 30 septiembre 2026
Notas de Ellen G. White 2026

El Pueblo Vocero De Dios

 

Únicamente por el conocimiento de Dios aquí podemos prepararnos para encontrarnos con él en su venida… En sus lecciones y en sus poderosas obras, Cristo es una perfecta revelación de Dios. Este Cristo declara mediante el inspirado evangelista: “A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Juan 1:18. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. Mateo 11:27. Estas palabras muestran la importancia del estudio del carácter de Cristo. Únicamente por el conocimiento de Cristo podemos conocer a Dios.

Como nuestro representante, Cristo permanece en el fundamento más elevado posible. Cuando vino al mundo como mensajero de Dios, retuvo la salvación de Dios en su mano. Toda la humanidad fue liberada por él, porque en él estaba la plenitud de la Divinidad… Tan plenamente reveló Cristo al Padre, que los mensajeros enviados por los fariseos a tomarlo quedaron encantados por su presencia… Cuando contemplaron la suave luz de la gloria de Dios que envolvía su persona, cuando escucharon las bondadosas palabras que brotaban de sus labios, lo amaron. Y cuando… los fariseos les preguntaron: “¿Por qué no le habéis traído?”, respondieron: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Juan 7:45, 46.

Al contemplar a Cristo, seremos cambiados a su imagen, y hechos aptos para encontrarnos con él en su venida. Ahora es el momento de prepararse para la venida de nuestro Señor. La preparación para encontrarlo no puede lograrse en un momento. La preparación para este acontecimiento solemne debe ser de vigilante espera, combinada con trabajo ferviente. La unión de estos dos aspectos nos hace completos en Cristo. Lo activo y lo devocional deben combinarse, tal y como se combinaron lo humano y lo divino en Cristo. Así es como los hijos de Dios le glorifican. En medio del ajetreo de la vida se oirán sus voces pronunciando palabras de aliento, esperanza y fe. La voluntad y los afectos se consagrarán a Cristo. Así se preparan para encontrarse con su Señor; y cuando él venga, dirán con alegría: “Este es nuestro Dios; lo hemos esperado, y él nos salvará” (In Heavenly Places, p. 250; parcialmente en En los lugares celestiales, 31 de agosto, p. 250).

En todo tiempo los mensajeros elegidos de Dios fueron víctimas de insultos y persecución; no obstante, el conocimiento de Dios se difundió por medio de sus aflicciones. Cada discípulo de Cristo debe ocupar un lugar en las filas para adelantar la misma obra, sabiendo que todo cuanto hagan los enemigos redundará en favor de la verdad. El propósito de Dios es que la verdad se ponga al frente para que llegue a ser tema de examen y discusión, a pesar del desprecio que se le haga. Tiene que agitarse el espíritu del pueblo; todo conflicto, todo vituperio, todo esfuerzo por limitar la libertad de conciencia son instrumentos de Dios para despertar las mentes que de otra manera dormirían.

¡Cuán frecuentemente se ha visto este resultado en la historia de los mensajeros de Dios! Cuando apedrearon al elocuente y noble Esteban por instigación del Sanedrín, no hubo pérdida para la causa del evangelio. La luz del cielo que glorificó su rostro, la compasión divina que se expresó en su última oración, llegaron a ser como una flecha aguda de convicción para el miembro intolerante del Sanedrín que lo observaba, y Saulo, el fariseo perseguidor, se transformó en el instrumento escogido para llevar el nombre de Cristo a los gentiles, a los reyes y al pueblo de Israel. Mucho después, el anciano Pablo escribió desde su prisión en Roma: “Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda… No sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones… No obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado”. Filipenses 1:15-18. Gracias al encarcelamiento de Pablo, se diseminó el evangelio y hubo almas que se salvaron para Cristo en el mismo palacio de los césares. Por los esfuerzos de Satanás para destruirla, la simiente “incorruptible” de la Palabra de Dios, la cual “vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23), se esparce en los corazones de los hombres; por el oprobio y la persecución que sufren sus hijos, el nombre de Cristo es engrandecido y se redimen las almas (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 31, 32).

 

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Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECIA»
Lección 01 «EL CREADOR HABLA»
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez

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