¿Ǫuién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente! (Salmo 19: 12).
Cuando nuestra hija menor tenía cuatro años, se sintió frustrada por algo y reclamó: El problema es que yo soy el problema. Ese es el problema. No supe si reír o tener compasión de ella. Con tan poca edad, ya se veía como un problema.
En el libro Su problema es usted mismo, Roy L. Smith afirma que, muchas veces, nos olvidamos de considerar nuestras actitudes, cuando estas son las verdaderas causas de los problemas que tenemos.
En cierta ocasión, una esposa fue a consultar a un consejero, pues tenía problemas con su esposo. Según ella, él tenía el vicio de la pornografía y parecía que le estaba siendo infiel. El consejero la escuchó pacientemente, pero como aquella no era la primera vez que lo buscaba, tenía una perspectiva completa del caso. Las veces anteriores que había ido a consultarlo, ella había mencionado un problema que tenía en el trabajo: se sentía perseguida por su jefe que, además, no la valoraba. También creía que sus compañeros y sus vecinas la estaban tratando de manera extraña.
Durante esta nueva entrevista, el consejero le hizo preguntas y descubrió que ella había hablado mal de algunas compañeras, contando información inapropiada. Las compañeras se habían enterado y por eso la evitaban. Su jefe le había llamado la atención porque había perdido un documento importante y eso había perjudicado a un cliente. Y ¿con respecto a su esposo? La mujer finalmente confesó que era ella quien veía pornografía y que, además, le había sido infiel. El consejero la invitó a orar, a pedir perdón a Dios y a reconocer que el problema era ella misma. Ella fue humilde y reconoció su falta.
Seguramente nuestra realidad no es tan complicada como la de esta mujer, pero en el día a día enfrentamos desafíos y, muchas veces, creemos que las causas son ajenas a nosotras. El culpable siempre parece ser el otro. Pero el problema puede estar más cerca de lo que pensamos.
Claro que no podemos caer en el extremo de pensar que no somos más que un conjunto de problemas (eso es tener baja autoestima), pero es necesario que reconozcamos nuestra parte en las situaciones. Si la asumimos activamente, cuando las cosas van bien y cuando no van bien, nos sorprenderemos al darnos cuenta de que hemos crecido.
Reconoce tus faltas delante de Dios y del prójimo. Pídele al Señor diariamente que te purifique, no solo de tus errores conscientes, sino también, de acuerdo con el versículo de hoy, de aquellos de los que no eres consciente.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
