miércoles , 21 octubre 2026
Matinal de Jóvenes 2026

¿Por qué sufrimos?

«Aunque la higuera no florezca […], yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación».

Habacuc 3:17,18

¿Dónde está Dios cuando experimentamos tragedias? Si él es realmente bueno, ¿por qué permite que ocurran los problemas? Estas preguntas fueron planteadas hace algunos años por el senador estadounidense Ernie Chambers, quien llegó a demandar a Dios por las catástrofes en nuestro planeta. Para el político ateo del Estado de Nebraska, el Señor era responsable de los millones de muertos en el mundo.

¿Es Dios el culpable de todas las tragedias? Y si no lo es, ¿por qué no interviene en los desastres? Preguntas similares fueron hechas por el profeta Habacuc, hace más de 2,500 años, durante la invasión de los caldeos en la tierra de Judá. Al principio del libro, él dijo: «¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches?» (Hab. 1:2, NVI).

Me gusta Habacuc no solo porque era músico, sino por el hecho de ser franco con Dios. El tema central de su libro puede resumirse en las palabras «¿Por qué sufrimos?». Aunque no trae respuestas directas, la obra presenta la manera correcta de vivir en este mundo dominado por el mal.

La principal forma de enfrentar el sufrimiento se presenta en la famosa frase «el justo vivirá por su fe» (Hab. 2:4). El apóstol Pablo cita este versículo en varias de sus cartas. Este texto bíblico fue fundamental para la conversión de Martín Lutero en la Edad Media. Mientras el reformador subía la escalera de Pilato en Roma, escuchó una voz parecida a un trueno que le decía: «¡El justo vivirá por su fe!» Esto nunca salió de su mente y fue fundamental para su experiencia con Dios.

Además de este versículo, Habacuc escribió lo siguiente: «El Señor está en su santo templo; calle ante él toda la tierra» (Hab. 2:20). Esta es una referencia preciosa en el Antiguo Testamento al Santuario celestial. Este destello de Dios en su sala de control del universo nos trae la certeza de que también está al control de nuestras vidas…

El libro termina diciendo: «Aunque la higuera no florezca […], yo me alegraré en el Señor». No solemos usar la palabra «aunque» en medio de las tragedias, pero es un recordatorio de que debemos confiar en Dios en todo momento, incluso cuando el mundo parezca caerse a pedazos. Aunque no entiendas todos los porqués, decide confiar. Creer es siempre la mejor actitud.

 

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Tomado de la: Lectura Devocional para Jóvenes 2026
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Kimberly Guido

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