«Que el mismo Señor de la paz les dé la paz a ustedes en todo tiempo» (2 Tesalonicenses 3:16).
Cuando cesó la tormenta, Harold Pamu vio que la batería del teléfono estaba agotada, por lo que no tenía forma de saber qué hora era. Agotado, se echó a dormir.
Amaneció el nuevo día con un escenario impresionante: el vasto océano estaba alrededor suyo, sin nada más a la vista que agua y cielo. «¿Dónde estoy, Señor? Bueno, eso no importa si tú estás conmigo», expresó Harold. Entonces buscó su Biblia y dijo: «Santos ángeles, buenos días; Espíritu Santo, buenos días. Vamos a tener nuestro culto». Y empezó a cantar: «Por la mañana, oh, Señor, elevo a ti mi voz. A tu buen nombre doy loor con gratitud, mi Dios».
Leyó un pasaje detrás de otro, y otro, y otro… Pronto sintió que no estaba solo. El Dios de la Biblia, el Dios de los mares, estaba con él. Harold alabó a Dios porque aún estaba con vida, aunque tenía preguntas: ¿Cuál era el plan del Señor? ¿Por qué le había salvado la vida?
Aun cuando no entiendas las cosas difíciles que te pasan, puedes seguir alabando a Dios con cantos, oraciones y lectura de la Biblia. Con eso muestras que confías en que él sabe lo que es mejor para ti, y sientes paz.
Continuará…
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
