«A la voz del Señor se desató una tormenta que levantaba grandes olas» (Salmo 107: 25).
Harold Pamu es un constructor de Dilou, una de las islas de Papúa Nueva Guinea. En una ocasión, los hermanos adventistas de una de las iglesias de la isla Pak le pidieron que les ayudara en su proyecto de edificar un templo. Para ello, Harold debía primero ir a la isla, ver el lugar, dibujar el plano del templo y acordar el costo así como el tiempo que llevaría construirlo.
La isla a la que Harold debía viajar no estaba lejos. En su pequeña lancha, el viaje tomaría una hora. Dada la corta distancia, no llevó aparatos de navegación ni tampoco nada de comida. Solo cargó sus pertenencias en la lancha y echó combustible apenas suficiente para hacer ese recorrido. Así, poco pertrechado, se hizo a la mar.
Cuando iba a mitad de camino, el cielo se oscureció. De repente, Harold se vio en medio de una horrible tormenta. Como pudo, trató de sortear el temporal sin detener el motor, pero la tormenta no cesaba. Los minutos parecían eternos. Harold oró a Dios.
¿Sabes? La vida es impredecible. En cualquier momento se desata una tormenta que levanta grandes olas. Esas circunstancias son un llamado a la oración.
Cada vez que se encuentra en una de las tormentas de la vida, lo primero que hace el héroe es orar a Dios.
Continuará…
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Liseth Orduz y Claudia Escamilla
