«YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA» (JUAN 11:25).
Es tan ancho que un enorme barco puede navegar por él casi sin divisar ninguna de las orillas. Se encuentra cerca del océano Atlántico y alcanza unos increíbles 290 kilómetros de un extremo al otro. Su nombre es tentador, y sus aguas dulces atrajeron a navegantes que juraron estar flotando en pleno océano. Te presento al río que se encuentra entre Argentina y Uruguay: el Río de la Plata.
Por ese nombre, cualquiera abriría los ojos con ansias de encontrar tesoros y riquezas, ¿verdad? ¡Eso fue exactamente lo que sucedió! Alrededor del año 1500 d.C., los exploradores se adentraron en sus corrientes turbias en busca de la mítica Sierra de la Plata. ¿Puedes imaginar un lugar cuya promesa interminable de oro, plata y piedras preciosas enloquece a cualquiera? Esta era la ilusión que alimentaba la leyenda de este escondite de riquezas.
Todo resultó ser un rumor, pero innumerables embarcaciones naufragaron en el Río de la Plata persiguiendo, en vano, esta traicionera fantasía. Como una trampa que promete algo increíble para luego quitarte todo, este era un sueño que nunca se materializó. Hoy, este nombre resplandeciente es pura ficción.
Los discípulos de Jesús también imaginaron algo que no era cierto. En varios momentos, la Biblia revela sus ideales erróneos. Algunos querían que el Maestro se convirtiera en rey de Judea; otros hacían planes con el dinero que esperaban ganar con él; y otros soñaban con sentarse en tronos a su lado. ¡Cuánta imaginación y cuánta poca comprensión profética! Entendieron todo al revés, hasta que empezaron a enfrentarse a la realidad cuando Cristo les dijo: «¡Toma tu cruz y sígueme!».
¿Cruz? ¿Cómo? Solo mencionar esa palabra ya les revolvía el estómago. Por eso, no fue fácil para ellos entenderlo. Judas, incluso, terminó quitándose la vida porque no quiso aceptar de ninguna manera este «tesoro inverso». Pero Jesús murió, resucitó y abrió de par en par las puertas de la eternidad para todos nosotros. Transformó todas las frustraciones en la gloriosa realidad del mar de cristal, y declaró al universo que su amor por el bien es mayor que las tinieblas del mal.
¿Puedes pensar en esto?
¿Vemos las bendiciones desde la perspectiva de Dios? El oro jamás valdrá más que la sangre de Cristo. Porque el Calvario perdonó más de lo que una fortuna jamás podría perdonar.
Y tú podrás encontrar y tener este tesoro.
¡Recíbelo hoy!
Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez
