domingo , 7 junio 2026
Lección de Universitarios 2026

inTerpreta

 

Sé sana

Tras una noche de tormenta en el lago y después sanar a un hombre poseído por demonios en la región de los gadarenos, Jesús volvió a cruzar el mar de Galilea en barca y desembarcó cerca de Capernaúm, donde lo esperaba una gran multitud. Al bajar de la barca, la multitud se aglomeró a su alrededor y lo siguió hasta la ciudad.

Entre la multitud estaba una mujer que llevaba muchos años enferma. Había gastado todo su dinero en médicos, «sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor» (Marcos 5: 26). Durante doce años había sufrido constantes reveses. Aun así, había oído hablar de este gran hombre de Galilea y, con esperanza en su corazón, reunió las pocas fuerzas que le quedaban para salir de su casa esa mañana y unirse a la multitud. La presión de la gente resultaba casi sofocante mientras se acercaba poco a poco a Jesús. Entonces, entre empujones y jaloneos, lo vio y se animó a sí misma: «Si logro tocar siquiera su manto, quedaré sana» (Marcos 5: 28, NVI).

Cuando la mujer extendió la mano y tocó el borde del manto de Jesús, su vida cambió para siempre. No solo fue sanada físicamente, sino que ese día ocurrió algo mucho más profundo. Jesús recibió a una mujer tímida, «temblando de miedo» (Marcos 5: 33), y recompensó su fe, la impulsó a contar su historia y le devolvió la confianza.

Este incidente muestra el cuidado y la compasión de Jesús por los enfermos y los solitarios, por aquellos que suelen perderse entre la multitud. Muchas personas, arrastradas por la multitud, se apretujaban alrededor de Jesús, pero solo una extendió la mano intencionadamente para tocarlo y recibir la bendición que tanto necesitaba. Sin embargo, no fue el toque lo que la sanó, sino su fe (ver Marcos 5: 34). «El Salvador podía distinguir el toque de la fe del contacto casual de la muchedumbre desprevenida» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 36, p. 317). El manto de Jesús no tenía ningún poder especial. Lo que la sanó a la mujer fueron su fe y su decisión de acercarse a tocarlo.

Esta frágil mujer, en su sufrimiento y angustia, podría haberse quedado en la cama esa mañana; en cambio, deliberadamente y creyendo, buscó a Jesús con la esperanza de recibir sanación. Verlo a la distancia no era suficiente, por eso se acercó a él. No importa cuántos reveses hayamos sufrido, Jesús nos exhorta hoy a imitarla. Nos invita así: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar. Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso» (Mateo 11: 28-29).

¿Qué barreras dificultaban que esta mujer se acercara a Jesús? ¿Cómo superó esas barreras?

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 11 «REVESES»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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