domingo , 24 mayo 2026
Lección de Universitarios 2026

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Un espejo

La Biblia define el pecado como «infracción de la ley» (1 Juan 3: 4, RV95). El pecado también forma parte de nuestra naturaleza (ver Salmo 51: 5; Jeremías 17: 9). La ley de Dios saca a la luz lo que es realmente el pecado. La ley es como ponerse unos lentes para ver con claridad lo que nos rodea, o como usar un espejo para ver cómo somos. Aporta claridad y convicción a nuestra vida y a nuestro carácter, al tiempo que nos habla del carácter de Dios y de lo que es importante para él.

Dios escribió los Diez Mandamientos con su propio dedo (ver Éxodo 31:18). Jesús se hizo eco de su importancia con las siguientes palabras: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. […] Ama a tu prójimo como a ti mismo. Ningún mandamiento es más importante que estos» (Marcos 12: 30-31). Además, añadió: «En estos dos mandamientos se basan toda la ley y los profetas» (Mateo 22: 40). Jesús enseñó que la ley tiene que ver con las relaciones. Dios dio la ley como una salvaguarda para proteger nuestras relaciones con él y con los demás.

Así como los límites que los padres establecen para sus hijos revelan lo que ellos más valoran, la ley de Dios nos habla de su carácter y de lo que es importante para él. Dios nos dio su ley para proteger nuestra relación con él y con los demás, sabiendo que esta guiaría todos los aspectos de nuestra vida a medida que creciéramos en él.

El amor a Jesús es el centro mismo de la ley. Jesús dijo: «Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos» (Juan 14: 15). Cuando amamos de corazón a Jesús, nos sentimos impulsados de forma natural a guardar su ley. Cuando vemos con claridad la ley, nos sentimos impulsados a amar más a Jesús. Satanás ha distorsionado la belleza de la ley de Dios, de modo que algunos la ven como una pesada carga (ver 1 Juan 5: 3). A menudo se asocia la ley con el legalismo, en lugar de asociarla al amor y la libertad.

Por mucho que creamos en la ley y en la importancia de cumplirla, debemos recordar siempre que, en lo que respecta a nuestra situación legal ante Dios, la ley solo condena. La ley nunca perdona, nunca justifica y nunca expía. Por el contrario, señala por qué necesitamos ser perdonados, por qué necesitamos ser justificados y por qué necesitamos expiación. Por eso, junto con la ley, incluso como fundamento de nuestra comprensión de la ley, está el evangelio, la muerte de Cristo a nuestro favor, que hace por nosotros lo que la ley nunca podrá hacer: justificarnos ante Dios.

Cumplir la ley de Dios, ¿te limita o te fortalece? ¿Cómo puedes comprender mejor la ley si crees que te limita?

En una escala del 1 al 5, ¿cuán valiosa es para ti la Palabra viva (y la ley, como parte de ella)?

2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 09 «EL PECADO, EL EVANGELIO Y LA LEY»

Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez

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