«Cristo nos redimió de la maldición Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»).
Gálatas 3: 13.
La santa ley de Dios, promulgada y escrita por su dedo en el monte Sinaí; le fue entregada a Moisés con el propósito de que el pueblo de Israel viviera conforme a los designios de la voluntad divina. Este pueblo, formado bajo el látigo del Imperio egipcio, no conocía sino la obediencia por la fuerza.
Sin embargo, era el propósito de Dios que aprendieran a obedecer por conciencia propia, ejerciendo sus facultades de forma voluntaria. La ley de Dios colocada en sus manos contenía los principios para hacer de ellos un pueblo sabio, al punto de que las naciones circunvecinas pudieran exclamar: «Qué pueblo más entendido y sabio es este!, Debe ser esto gracias a las leyes de su Dios» (ver. Deuteronomio 4:.6-8).
La Ley debía desde un inicio ser un camino de gozo, una forma de vida que todo el mundo anhelara, un ambiente tal en la sociedad que rayara en la perfección y en la armonía entre dos humanos. Pero el pueblo consideró la ley de Dios no como una norma de vida, sino como un camino para ganar la salvación. Su observancia cambió de ser un gozo de vida a ser una medida perfecta de salvación.
Como era de esperarse, poco a poco, al mirar que era imposible guardar la Ley de manera perfecta, empezaron a poner suficientes leyes complementarias para no quebrantar la Ley original; por supuesto, esto originó una carga inimaginable para cualquier ser humano, imposible de gozarse en la obediencia a Dios, lo que causó que se percibiera a un Dios arbitrario; egoísta y pedidor de cosas imposibles de lograr para sus súbditos,
Cristo vino a cambiar la historia de las cosas como humano y, al mismo tiempo, como Dios. Obedeció la Ley perfectamente colocando sus méritos en tu favor y dejándola como una norma de vida para los salvados por la fe en él. Asimismo, redimió al ser humano de la maldición de obedecer la Ley como medio de salvación.
Los cristianos hoy se salvan por el sacrificio perfecto de Jesús en la cruz del Calvario. Al aceptarlo como Salvador no tienen que hacer nada más, así que obedecer su santa ley se convierte en una norma de vida, sin el peso abrumador de obedecerla para garantizar la salvación. Jesús te invita hoy a aceptarlo como tu Salvador.
Deja de ganarte la salvación por ti mismo porque Jesús ya lo hizo por ti. Recuerda: todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
