«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, él cual; me amó y se entregó a sí mismo por mí»
Gálatas 2:20.
Se dice que dificilmente un ser humano puede estar con la mente en blanco. Siempre está pensando en algo o en alguien. Los pensamientos no son fáciles de aprisionar. Sin darse cuenta, puede que una persona ya comiénce a sumergirse en ideas en las que muchas veces no quiere reflexionar. La mente se entremete en pensamientos que, si no se es cuidadoso, podrían llevar a la ruina.
Una de las formas de pecar es precisamente con el pensamiento. El cristiano debe estar vigilante para no permitir que esas ideas ensucien su mente de basura y debe ser disciplinado para que tan pronto como detecte un pensamiento inapropiado luche por sujetarlo y cambiarlo para bien. Pero la realidad es que muchas veces sucumbe ante su propio raciocinio.
El apóstol Pablo expresa en este versículo que ya no vive él y que lo que ahora vive, lo vive en la fe de Jesucristo. ¿Cómo puedes lograr no vivir en ti? El yo está cargado de la naturaleza humana, propia del pecado, acostumbrada a hacer lo malo, con lo cual no tiene que esforzarse porque es su condición. Lo que detiene al ser humano a no hacer lo malo es el Espíritu Santo, Cuando el Espíritu vive en ti, te hace vencedor aun de tus pensamientos.
«Ya no vivo yo» es la expresión de un hombre que ha aprendido adejar que el Espíritu Santo tome el control de su vida. La presencia de Dios en su vida lo santifica todo y el pecado no tiene poder para actuar sobre él. Una persona así ha nacido otra vez con una naturaleza espiritual. ¿Pero quién pudo haber nacido así? Aparentemente Pablo. Ahora él ya no actuaba por su voluntad, sino que solo actuaba como le decía el Espíritu Santo. El pecado ya no tenía poder sobre la vida del apóstol y había logrado sobreponerse sobre su naturaleza.
La lucha entre la naturaleza humana y la voluntad divina es continua; no hay reposo ni de día ni de noche. El yo humano, está programado para pecar, por lo que la lucha está perdida. Seguramente todos se han esforzado por vivir una vida sin pecado para darse cuenta de que no es posible. Pareciera que se está destinado al fracaso. La providencia divina surge en medio de esta lucha encarnizada para recordarte que no es una pelea individual ni una lucha propia; es una batalla dirigida por Dios y la victoria es segura con él.
Cristo murió por ti, vivió por ti y toda su perfección es puesta en tu favor para que puedas creer por causa de él que eres un hombre sin pecado. Ahora puedes vivir confiado de su providencia. Cuando aceptas a Jesús, ya no vives tú, sino que su Santo Espíritu vive en ti y Dios te reclama como suyo. Aunque eres un ser pecaminoso, Cristo pagó por ti. Ahora tienes la seguridad de su salvación y moras confiado, tratando de vivir dignamente como su hijo, porque todo es por su gracia.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Silvia García F.
