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Notas de Ellen G. White 2025

¡Pasa! ¡Posee! ¡Reparte! ¡Sirva!

 

En todo sacrificio ferviente y sincero que hagamos en el servicio del Maestro, nuestras facultades se acrecentarán. Mientras nos entregamos como instrumentos para la operación del Espíritu Santo, la gracia de Dios trabajará en nosotros sojuzgando las viejas inclinaciones, venciendo las propensiones poderosas y formando nuevos hábitos. Cuando apreciamos y obedecemos las indicaciones del Espíritu, nuestros corazones son ampliados para recibir más y más de su poder, y para hacer una obra mayor y mejor…

El humilde obrero que responde obedientemente al llamado de Dios puede estar seguro de que recibirá ayuda divina. El aceptar una responsabilidad tan grande y santa resulta elevador para el carácter. Pon en acción las facultades mentales y espirituales más elevadas y fortalece y purifica la mente y el corazón. Mediante la fe en el poder de Dios, es admirable cuán fuerte puede llegar a ser un hombre débil, cuán decididos sus esfuerzos, cuán prolífico en grandes resultados. El que empieza con poco conocimiento, de una manera humilde, y dice lo que sabe, mientras busca diligentemente un conocimiento mayor, encontrará todo el tesoro celestial que espera su demanda. Cuanto más trate de impartir luz, más luz recibirá. Cuanto más procura uno explicar la Palabra de Dios a otros, con amor por las almas, más clara se le presentará esta. Cuanto más usemos nuestro conocimiento y ejercitemos nuestras facultades, más conocimiento y poder tendremos.

Todo esfuerzo hecho por Cristo repercutirá en bendición sobre nosotros mismos. Si empleamos nuestros recursos para su gloria, él nos dará más. Al procurar ganar a otros para Cristo, llevando la preocupación por las almas en nuestras oraciones, nuestros propios corazones palpitarán bajo la vivificante influencia de la gracia de Dios; nuestros propios afectos resplandecerán con más divino fervor; nuestra vida cristiana toda será más real, más ferviente, más llena de oración.

El valor del hombre se estima en el cielo de acuerdo con la capacidad que el corazón tiene de conocer a Dios. Este conocimiento es la fuente de la cual fluye todo poder. Dios creó al hombre de manera que toda facultad pudiera ser la facultad de la mente divina; y está siempre tratando de asociar la mente humana con la divina. Él nos ofrece el privilegio de cooperar con Cristo en la obra de revelar su gracia al mundo, a fin de que podamos recibir un conocimiento mayor de las cosas celestiales. Mirando a Jesús obtenemos vislumbres más claras y distintas de Dios, y por la contemplación somos transformados. La bondad, el amor por nuestros semejantes, llega a ser nuestro instinto natural. Desarrollamos un carácter que será la copia del carácter divino. Creciendo a su semejanza, ampliamos nuestra capacidad de conocer a Dios. Entramos cada vez en mayor relación con el mundo celestial, y llegamos a poseer un poder creciente para recibir las riquezas del conocimiento y la sabiduría de la eternidad (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 288-290).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 1: «LA FÓRMULA DEL ÉXITO»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

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