Los habitantes de Canaán
Si el único propósito de Dios hubiera sido buscarles una patria a los descendientes de Abraham, podría haberles dado una tierra desocupada. Pero, en lugar de eso, Dios eligió darles una tierra en la que ya habitaban varios pueblos diferentes, sabiendo que poseerla requeriría muchos conflictos con esos pueblos. Es importante señalar que Dios no se despreocupó de las naciones que habían reclamado antes la tierra. Si a Dios no le hubieran importado esas naciones, podría haberlas expulsado inmediatamente y haberle dado la tierra a la familia de Abraham; en cambio, retrasó la conquista de Canaán por más de cuatrocientos años, mostrando continuamente su misericordia a las naciones a pesar de su creciente maldad. Dios le dijo a Abraham que su familia viviría en un país extranjero, donde serían esclavos, y que no podría regresar a Canaán durante varias generaciones más (ver Gén. 15: 13) porque «todavía no ha llegado al colmo la maldad de los amorreos» (Gén. 15: 16). En otras palabras, Dios estaba midiendo cuidadosamente la maldad de esas naciones y no daría la tierra de Canaán a los descendientes de Abraham hasta que esas naciones hubieran pasado el punto de no retorno. Por tanto, la conquista de Canaán por parte de Josué debe entenderse como un juicio de Dios contra naciones culpables de los peores crímenes. El pueblo de Canaán había normalizado y promovido rituales paganos que implicaban diversas formas de promiscuidad sexual, incesto, homosexualidad, sacrificio de niños y bestialidad (ver Lev. 18: 6-23). El sacrificio de niños era para los paganos un ritual religioso común, en el que quemaban a sus hijos e hijas como sacrificios a los demonios (ver Sal. 106: 37). Estas prácticas se mezclaban con la brujería, la comunicación con los muertos y otras prácticas espiritistas, que los arrastraron a una oscuridad e iniquidad cada vez más profundas (ver Deut. 18: 9-14). A causa de estas abominaciones, Dios expulsó a los habitantes de la tierra y advirtió a los israelitas que no siguieran su ejemplo, no fuera que los juzgara también a ellos (ver Lev. 18: 24-30). Dios iba a usar a Israel como instrumento de juicio contra las naciones que se habían endurecido en la maldad.
Cuando Dios le dijo a Abraham que su familia aún no podía heredar la tierra prometida, enmarcó la conquista de Canaán dentro de un juicio contra los malvados parecido a los relatos del diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra (ver Gén. 6: 11-13; 19: 13). Antes de que Dios destruyera Sodoma y Gomorra, Abraham le hizo a Dios la misma pregunta que muchos de nosotros nos hacemos hoy sobre estos difíciles momentos de juicio divino: «¿Vas a destruir a los inocentes junto con los culpables?» (Gén. 18: 23). Abraham quería asegurarse de que Dios no destruiría indiscriminadamente a los inocentes junto con los culpables: «Lejos de ti el hacerlo así, que hagas morir al justo con el impío y que el justo sea tratado como el impío. ¡Nunca tal hagas! El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?» (v. 25, RV95).
Al ir entrando en este diálogo con Dios, Abraham optó por confiar en que el Señor tendría cuidado de hacer lo correcto en todos los casos. Esta es la misma decisión que nos corresponde tomar a cada uno de nosotros hoy: ¿confiamos en que Dios ejercerá debidamente la justicia y la misericordia?
Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:
- ¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecen más difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
¿Hasta qué punto confías en la justicia de Dios, aunque se retrase o aun cuando las cosas no tengan sentido para ti?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 01 «NUEVAS FRONTERAS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
kebo88 | kebo88 | kebo88 | slot gacor | slot gacor | slot gacor
