«Como tus días serán tus fuerzas».
Deuteronomio 33: 25
La promesa no dice que hoy tendremos fuerza para una emergencia futura, que las dificultades futuras anticipadas tendrán una provisión de antemano, antes de que nos aflijan. Podemos, si andamos por fe, esperar fortaleza y provisión tan pronto como nuestras circunstancias lo exijan. Vivimos por fe, no por vista. El Señor ha dispuesto que le pidamos todas las cosas que necesitamos. La gracia necesaria para mañana no será dada hoy. La necesidad de los seres humanos es la oportunidad de Dios. La gracia de Dios nunca es concedida para ser malgastada, para que se haga mal uso de ella o se pervierta, o para que se deje enmohecer por el desuso.
Mientras llevamos las responsabilidades diarias, en el amor y el temor de Dios, como hijos obedientes que andan en toda humildad de mente, se nos dará la fortaleza y la sabiduría de Dios para hacer frente a toda circunstancia difícil.
Debemos mantenernos cada día cerca de la Fuente de nuestra fortaleza, y cuando el enemigo venga como inundación, el Espíritu del Señor nos elevará y levantará un estandarte contra el enemigo. La promesa de Dios es segura, nos dice que la fuerza será proporcional a nuestros días. Debemos confiar en lo futuro únicamente en la fuerza que nos es dada para las necesidades presentes. No tomemos prestada la ansiedad del futuro.— Nuestra elevada vocación, 29 de abril, p. 127.
Muchos se abaten anticipando las dificultades futuras. Están constantemente tratando de imponer las cargas de mañana al día de hoy. Así muchas de sus pruebas son imaginarias. Para los tales, Jesús no hizo provisión. Prometió gracia únicamente para el día. Nos ordena que no carguemos con los cuidados y las dificultades de mañana.
El Señor requiere de nosotros que cumplamos los deberes de hoy, y soportemos sus pruebas. Hemos de velar hoy para no ofender ni en palabras ni en hechos. Debemos alabar y honrar a Dios hoy. Por el ejercicio de una fe viva hoy, hemos de vencer al enemigo. Tenemos que buscar a Dios hoy, y estar resueltos a no permanecer satisfechos sin su presencia. Debemos velar, obrar y orar como si este fuese el último día que se nos concede. Qué intenso fervor habría entonces en nuestra vida! ¡Cuán estrechamente seguiríamos a Jesús en todas nuestras palabras y acciones!— Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 186, 187.
EL PODER DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
