Dios con nosotros
El Evangelio de Juan presenta la que es quizá la expresión más completa de la identidad de Jesús. Juan comienza su Evangelio con estas palabras: «En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios» (1: 1). El apóstol Juan presentó al lector a Jesús de una manera única. No comenzó con una genealogía como Mateo o Lucas para conectar al lector con la identidad de Jesús como Hijo del hombre, sino que se centró en la divinidad de Cristo.
Los profetas habían presentado la Palabra de Dios a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Con la venida de Jesús, la Palabra se encarnó. Dios había venido a vivir con la humanidad, no oculto tras un velo como en el santuario que construyó Moisés. En cambio, al continuar leyendo la introducción de Juan descubrimos que Dios está ahora al descubierto. Vino a interactuar personalmente con nosotros. Se hizo hombre, uno de nosotros: «Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad» (Juan 1: 14).
Con esta poderosa afirmación, Juan dirigió al lector de la historia de Jesús a la historia del deseo de Dios de morar con su pueblo en el desierto. Juan dijo que Jesús se hizo carne y vivió con nosotros. El plan más completo de Dios había salido a la luz. No estaba aquí solo para ser nuestro prójimo, sino de manera humana. Dios se humanó y derribó las barreras entre lo divino y lo humano.
En el libro de Hebreos, Pablo explica por qué Dios tuvo que hacerse humano: solo haciéndose uno de nosotros podía Jesús identificarse plenamente con nosotros. «Porque todos son del mismo Padre: tanto los consagrados como el que los consagra. Por esta razón, el Hijo de Dios no se avergüenza de llamarlos hermanos» (Hebreos 2: 11). Al hacerse humano, Jesús se hizo uno con nosotros. Unos versículos más adelante, se añade: «Para eso tenía que hacerse igual en todo a sus hermanos, para llegar a ser Sumo sacerdote, fiel y compasivo en su servicio a Dios, y para obtener el perdón de los pecados de los hombres por medio del sacrificio. Y como él mismo sufrió y fue puesto a prueba, ahora puede ayudar a los que también son puestos a prueba» (Hebreos 2: 17-18). Dios se rebajó a nuestro nivel para demostrar su profundo amor de un modo que pudiéramos entender. Como Alguien que sufrió en carne propia el rechazo, la tentación y el dolor, comprende verdaderamente las luchas a las que nos enfrentamos.
Medita nuevamente en Éxodo 25 y busca a Jesús en el pasaje.
¿Qué significado tiene para ti que Dios se haya hecho uno de nosotros?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 11 «LA CASA DE DIOS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
