Permanecer en Cristo
Dios nos amó incluso antes de que naciéramos; él planeó tener una relación con nosotros. Él nos busca como un buen pastor y nos invita a permanecer en él todos los días. Solo tenemos que decidir responder y él mismo transformará nuestro actual estado y condición laodicense por sus buenos dones (ver Apocalipsis 3: 18-19). Al igual que el lento crecimiento de las ramas de una vid, nuestra relación con Dios puede crecer poco a poco, aunque también puede darse un crecimiento rápido como resultado de una lluvia muy necesaria. Independientemente del ritmo al que crezcamos o de la abundancia de frutos que produzcamos en nuestra vida, necesitamos diariamente la «savia», el Espíritu Santo, para asegurarnos de que permanecemos conectados a Jesús.
«El pámpano está injertado en la vid viviente, y fibra tras fibra, vena tras vena, va creciendo en el tronco. La vida de la vid llega a ser la vida del pámpano. Así también el alma muerta en delitos y pecados recibe vida por su unión con Cristo. Por la fe en él como Salvador personal, se forma esa unión. El pecador une su debilidad a la fuerza de Cristo, su vacuidad a la plenitud de Cristo, su fragilidad a la perdurable potencia de Cristo. Entonces tiene el sentir de Cristo. La humanidad de Cristo ha tocado nuestra humanidad, y nuestra humanidad ha tocado la divinidad. Así, por la intervención del Espíritu Santo, el hombre viene a ser participante de la naturaleza divina. Es acepto en el Amado.
»Esta unión con Cristo, una vez formada, debe ser mantenida. Cristo dijo: “Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviese en la vid; así ni vosotros, si no estuvieseis en mí”. Este no es un contacto casual, ninguna unión que se realiza y se corta luego. El sarmiento llega a ser parte de la vid viviente. La comunicación de la vida, la fuerza y el carácter fructífero de la raíz a las ramas, se verifica en forma constante y sin obstrucción. Separado de la vid, el sarmiento no puede vivir. Así tampoco, dijo Jesús, podéis vivir separados de mí. La vida que habéis recibido de mí puede conservarse únicamente por la comunión continua. Sin mí, no podéis vencer un solo pecado, ni resistir una sola tentación.
»“Estad en mí, y yo en vosotros”. El estar en Cristo significa recibir constantemente de su Espíritu, una vida de entrega sin reservas a su servicio. El conducto de comunicación debe mantenerse continuamente abierto entre el hombre y su Dios. Como el sarmiento de la vid recibe constantemente la savia de la vid viviente, así hemos de aferrarnos a Jesús y recibir de él, por la fe, la fuerza y la perfección de su propio carácter.
»La raíz envía su nutrición por el sarmiento a la ramificación más lejana. Así comunica Cristo la corriente de su fuerza vital a todo creyente. Mientras el alma esté unida con Cristo, no hay peligro de que se marchite o decaiga».— Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, cap. 73, pp. 644-645
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 01 «UN CHEQUEO A TU REALIDAD ESPIRITUAL»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
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