Cristo era el dirigente de los hijos de Israel en sus peregrinaciones por el desierto. Él los dirigió y guio rodeados por la columna de nubes de día y la columna de fuego de noche. Los preservó de los peligros del desierto, los llevó a la tierra prometida, ya la vista de todas las naciones que no reconocían a Dios, debutaron a Israel como su posesión escogida, la viña del Señor.
A este pueblo le fueron confiados los oráculos de Dios. Se lo rodeó con el vallado de los preceptos de su ley, los principios eternos de verdad, justicia y pureza. La obediencia a esos principios había de ser su protección, pues los salvaría de la destrucción propia por las prácticas pecaminosas. Y, como la torre en la viña, Dios colocó en medio de la tierra su santo templo.
Cristo era su instructor. Así como había estado con ellos en el desierto, había de continuar siendo su maestro y guía. En el tabernáculo y en el templo su gloria moraba en la santa shekinah encima del propiciatorio. A favor de ellos, manifestó constantemente las riquezas de su amor y paciencia.
Dios quería hacer de su pueblo Israel una alabanza y una gloria. Se dio a ellos toda ventaja espiritual. Dios no les empresarial nada favorable a la formación del carácter que había de hacerlos sus representantes…
Por su desobediencia a Dios, Adán y Eva habían perdido el Edén, y debido a su pecado toda la tierra quedó maldita. Pero si el pueblo de Dios siguió su instrucción, su tierra había de ser restaurada a la fertilidad y la belleza. Dios mismo les dio instrucciones en cuanto a la forma de cultivar el suelo, y ellos habían de cooperar con él en su restauración. De modo que toda la tierra, bajo el dominio de Dios, llegaría a ser una lección objetiva de verdad espiritual. Así como en obediencia a las leyes naturales de Dios, la tierra había de producir sus tesoros, así en obediencia a sus leyes morales el corazón de la gente había de reflejar los atributos del carácter de Dios. Aun los paganos reconocerían la superioridad de los que servían y adoraban al Dios viviente…
Los hijos de Israel habían de ocupar todo el territorio que Dios les había señalado. Habían de ser desposeídas las naciones que rechazan el culto y el servicio al verdadero Dios. Pero el propósito de Dios era que por la revelación de su carácter mediante Israel, los hombres fueron atraídos a él. A todo el mundo se le dio la invitación del evangelio. Por medio de la enseñanza del sistema de sacrificios, Cristo había de ser levantado delante de las naciones, y habían de vivir todos los que lo miraban. Todos los que, como Rahab la cananea, y Rut la moabita, se volvieran de la idolatría al culto del verdadero Dios, habían de unirse con el pueblo escogido. A medida que aumentara el número de los israelitas, estos habían de ensanchar sus fronteras, hasta que su reino abarcara el mundo.
Dios deseaba colocar todas las naciones bajo su gobierno misericordioso. Deseaba que la tierra se llenara de gozo y paz. Creó al hombre para la felicidad, y anhela llenar el corazón humano con la paz del cielo. Desea que las familias terrenales sean un símbolo de la gran familia celestial (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 230-233).
Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
4to. Trimestre 2025 «LECCIONES DE JOSÚE ACERCA DE LA FE»
Lección 2: «SORPRENDOIDOS POR LA GRACIA»
Colaboradores: Xiomara Moncada y Karla González
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