sábado , 12 septiembre 2026
Matinal De Damas 2026

Una vejez necia

Las canas son una honrosa corona que se obtiene en el camino de la justicia (Proverbios 16:31).

El versículo de hoy habla de canas, o cabellos blancos, como corona honrosa: pero solo cuando están en el camino de la justicia. Quien escribió esto fue el propio rey Salomón que, en determinada época de su vida, actuó como un necio.
Finalmente, cuando llegó a la ancianidad, reaccionó y se arrepintió. Debido a los errores de Salomón, Israel fue dividido en el reino del norte y el reino del sur. Varios reyes le sucedieron y, con pocas excepciones, condujeron al pueblo a la idolatría y lo alejaron del único Dios.
El trono de Israel era codiciado por los hombres y hasta por las mujeres, sedientos de poder. Pusieron sus maléficos designios como prioridad, sin preocuparse por el bienestar de la nación o la honra de Dios. Una de esas mujeres fue Atalía, hija de Acab y Jezabel, cuya idolatría confrontaba a Dios. Se había casado con Joram, hijo del bondadoso rey Josafat; por lo tanto, tuvo grandes oportunidades de conocer al Dios verdadero. Pero, así como sus padres, usó su influencia para mantener al pueblo y a su esposo en la idolatría.
Joram murió joven, a los cuarenta años, y su hijo, Ocozías, ocupó su lugar. Pero Atalía, la madre, siguió ejerciendo una influencia maligna. Cuando los hijos fueron muertos por los filisteos y los árabes, ella asesinó a sus propios nietos y asumió el trono.
Atalía reinó durante seis años. Una rebelión en su contra terminó con su muerte humillante.
Estos son ejemplos de una vejez necia: (1) Salomón, en su juventud, había sido íntegro y fiel a Dios, pero en su edad madura se dejó corromper. Felizmente se arrepintió y fue perdonado por Dios al final de su vida. (2) Atalía tuvo oportunidades de vivir de acuerdo con la voluntad divina, pero no las aprovechó.
Elena G. de White comenta: Uno puede haber disfrutado durante muchos años de una experiencia cristiana genuina, y seguir, sin embargo, expuesto a los ataques de Satanás. En la batalla con el pecado íntimo y las tentaciones de afuera, aun el sabio y poderoso Salomón fue vencido. […] Cualesquiera sean las cualidades intelectuales de un hombre, y por fielmente que haya servido a Dios en lo pasado, no puede nunca confiar en su propia sabiduría e integridad  (Profetas y reyes, cap. 5, págs. 55-56).
¡Que estos tristes ejemplos nos enseñen que nuestra salvaguardia no está en posiciones exaltadas o grandes privilegios, sino en una diaria sumisión a Dios!

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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez

 

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