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Devoción Familiar 2023

UN NACIMIENTO PARA CELEBRAR

¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. LUC. 1:28.

No hay un evento más feliz que la vida de una pareja luego del nacimiento de su primer hijo. Mi esposa y yo teníamos 25 años cuando nació nuestra hija Debbie.

Yo estaba tan seguro de que iba a ser una niña que compré un vestido rojo, bonito y bien colorido, realmente bien colorido. ¿Se pueden imaginar a nuestra bebé que tenía la piel sonrosada de los recién nacidos con ese vestido rojo, bien colorido? Alegró a todo el hospital.

Decir que mi esposa y yo estábamos felices con el nacimiento de nuestra primera hija es poco. ¡Decir que estábamos preparados para ese acontecimiento es también decir poco!

Leímos cuanto libro sobre educación de los niños que cayó en nuestras manos. Asistimos juntos a clases de parto natural. Elegimos los colores para el cuarto del recién nacido. Pintamos el cuarto de rosado. Compramos una cuna, ropas de bebé y juguetes. Cuando Debbie nació estábamos listos.

Dios también estaba entusiasmado con el nacimiento de su Hijo. Los coros celestiales anunciaban su arribo. Los pastores y los sabios anunciaron su venida. Las profecías de siglos atrás proclamaron el nacimiento del Mesías.

Isaías, el profeta, predijo que el niño Cristo nacería de una virgen (Isa. 7:14). Jacob dijo que él sería del linaje de Judá (Gén. 49:10). El profeta Miqueas declaró que el Mesías nacería en Belén (Miq. 5:2). El cielo hizo todo lo que estuvo a su alcance para preparar al mundo para el nacimiento del Salvador.

Su nacimiento no fue algo común. Jesús fue concebido en forma sobrenatural por el Espíritu Santo en la matriz de María. No fue un niño común. Jesús fue el divino Hijo de Dios que vino a morar en la carne humana, el Cristo divino-humano.

El ángel le anunció a José la misión de Jesús. «Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mat. 1:21).

El cielo definió claramente su misión: salvar al pueblo de sus pecados.

El bebé que nació en un pesebre de Belén es su Salvador y el mío. La época navideña es ocasión de celebración y regocijo. Es tiempo de alabanza. No se nos abandonó en la profundidad del pecado. En la oscuridad de nuestra rebelión, hay una luz. En la prisión del pecado, hay una esperanza.

Podemos regocijarnos. En el bebé que nació en un pesebre de Belén, Dios nos ha enviado un mensaje innegable de su amor. Llenará su vida con gozo y regocijo en esta época de Navidad.

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Lecturas Devocionales Familiares 2023

«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

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