«Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla, ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». Mateo 6: 20, 21 NVI
EN ESTOS VERSÍCULOS se contrasta el valor de las riquezas con los tesoros terrenales. Si el propósito y el blanco de nuestra vida es hacer tesoros en el cielo, seremos enaltecidos por encima de las influencias bajas, sórdidas y desmoralizadoras, y de un deseo incontrolado de obtener riquezas en esta vida. El hacer tesoros en el cielo proporcionará nobleza al carácter; fortalecerá la benevolencia y estimulará la misericordia; cultivará la compasión, la bondad fraternal y la caridad. Unirá el alma de los seres humanos con Cristo con eslabones que nunca podrán romperse. Podemos hacer tesoros en el cielo, siendo ricos en buenas obras; ricos en las cosas imperecederas y espirituales.
La instrucción es: «Acumulen para sí tesoros en el cielo». Nos aseguramos las riquezas de los cielos para nuestro propio interés. Dios nos beneficia con nuestra dadivosidad. El ganado que pace en mil colinas, le pertenece. «De Jehová es la tierra y su plenitud» (Sal. 24: 1) Pero al usar de los dones que él nos ha confiado para la salvación de las almas, transferimos nuestra riqueza a la tesorería del cielo. Cuando buscamos la gloria de Dios y apresuramos el día de Dios, somos colaboradores con Cristo, y nuestro gozo no es una emoción inferior y pasajera, sino que es el gozo de nuestro señor. Nos elevamos por encima de los corrosivos y perturbadores cuidados de este mundo frágil e inconstante.
Mientras permanecemos en este mundo, estamos sujetos a las pérdidas y los disgustos. Los ladrones minan y hurtan; la polilla y la herrumbre corrompen; el fuego y las tormentas barren nuestras posesiones. […] Cuántos han dedicado la vida y el espíritu a adquirir riquezas, pero no fueron ricos con Dios; y cuando la adversidad le sobrevino y sus posesiones fueron barridas, se encontraron con que no tenían nada depositado en el cielo. Lo habían perdido todo, tanto las riquezas terrenales con las eternas. […]
Todas las cosas que están en la tierra pueden ser barridas en un solo instante, pero ninguna puede alterar el tesoro que ha sido depositado en el cielo.- The Review and Herald, 18 de septiembre de 1888.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Herber Perez & Martha González.

