Dara vida eterna a los que siguen haciendo el bien. Romanos 2:7
Los aviones siempre han despertado fascinación en mucha gente, aún más en aquellos tiempos en los que volar era cosa de otro mundo. Mientras dos héroes despegaban dentro de un águila de acero, los admiradores aplaudían la aventura osada. Era la primera vez en la historia que un avión despegaba de Francia y aterrizaría en Nueva York sin hacer ninguna escala. El nombre del pequeño bimotor era “Pájaro Blanco”.
Surcó los cielos europeos dejando su estela de humo sobre un lugar increíblemente bello: Étretat. Es un último pedazo de tierra que se desploma bruscamente sobre el océano Atlántico. Es la última frontera de Francia antes de que el mar anuncie su límite geográfico. ¡Y qué lugar tan hermoso! Acantilados que parecen mármoles blancos forman desfiladeros verticales inmensos. La cima, cubierta de verde, parece un infinito tejado de césped. Más hacia el extremo norte, tres arcos altísimos de roca parecen portales que salen de las olas. Es un escenario impresionante, digno de una gran película legendaria.
Allí, en Étretat, fue donde aplaudieron al “Pájaro Blanco” por última vez en suelo francés. Envuelto en nubes, el avión explorador desapareció de la vista, dejando solo el sonido de sus hélices. Un 8 de mayo (¡un día como hoy!), pero de 1927, con el entusiasmo de quien ansiaba romper la barrera de la distancia, el “Pájaro Blanco” se abrió camino en los cielos… y nunca se lo volvió a ver.
Por desgracia, la aeronave y sus pilotos nunca llegaron a los Estados Unidos. Todos desaparecieron para siempre en algún punto del mapa. La inmensidad del océano sepultó sus valientes sueños bajo toneladas de agua. Y hasta hoy, este sigue siendo uno de los grandes misterios de la historia de la aviación.
¿Sabes cuál es la diferencia entre la historia del “Pájaro Blanco” y la nuestra como cristianos? Es que la muerte, para el cristiano, jamás será el último adiós. Podemos ver por última vez a las personas que amamos en esta vida, pero al lado de Jesús nunca habrá un adiós final.
Porque en aquel grandioso día del regreso de Cristo, todos los salvos resucitarán para cruzar definitivamente las fronteras de la eternidad.
¿Te has puesto a pensar en cuánta gente resucitará desde incontables lugares para vivir en el cielo mucho más de lo que pudieron vivir en esta tierra? ¡No pierdas nunca la esperanza! Porque lo mejor está por venir. Y la vida eterna con Dios será una aventura infinita de sueños que un día comenzamos aquí.
¿Estarás listo?
Vuela…
Tomado de la: Lectura Devocional de Adolescentes 2026
“LA VUELTA AL MUNDO EN 365 DÍAS»
Por: Odailson Fonseca
Colaboradores: Matilde Reyes y Adriana Jiménez
