2 Timoteo 2
<<Haz todo lo posible por presentarte delante de Dios como un hombre de valor comprobado, como un trabajador que no tiene de qué avergonzarse, que enseña debidamente el mensaje de la verdad>>.
2 Timoteo 2: 15, DHH
Pablo amaba a Timoteo, su «hijo en la fe» (1 Tm. 1: 2). El gran apóstol sondeaba a menudo al discípulo más joven, preguntándole en cuanto a la historia bíblica; y al viajar de lugar en lugar, le enseñaba cuidadosamente cómo trabajar con éxito.— Los hechos de los apóstoles, cap. 20, p. 154.
El afecto entre Pablo y Timoteo comenzó con la conversión de Timoteo: el lazo se había fortalecido a medida que compartían las esperanzas, los peligros y los trabajos de la vida misionera, al punto de que parecían ser uno. La disparidad de sus edades y la diferencia de sus caracteres hicieron más ferviente su mutuo amor. El espíritu ardiente, celoso e indomable de Pablo encontró reposo y ánimo en la disposición apacible, complaciente y discreta de Timoteo. El servicio fiel y el amor tierno de su sufrido compañero alegraron más de una hora oscura de la vida del apóstol. Todo lo que un hijo puede ser hacia un padre amado y respetado, lo fue el joven Timoteo para el sufrido y solitario Pablo.
Pablo amaba a Timoteo porque Timoteo amaba a Dios. Su conocimiento inteligente de la piedad experimental y de la verdad le daba distinción e influencia. La piedad y la influencia de su vida hogareña no eran de baja categoría, sino puras, sensatas y no corrompidas por falsos sentimientos. La Palabra de Dios era la regla que guiaba a Timoteo. Su mente se espaciaba en las ideas del orden más elevado posible. Quienes lo instruían en su hogar cooperaban con Dios al educar a ese joven para soportar las cargas que le serían impuestas a temprana edad.— Comentario bíblico adventista, t. 7, pp. 928, 929.
En su trabajo, Timoteo buscaba constantemente el consejo y la instrucción de Pablo. No actuaba por impulso, sino con reflexión y serenidad. El Espíritu Santo encontraba en él uno que podía ser amoldado y modelado como un templo para la morada de la divina Presencia.
Las lecciones de la Biblia, al entretejerse en la vida diaria, tienen una profunda y perdurable influencia en el carácter. Estas lecciones las aprendía y practicaba Timoteo.— Los hechos de los apóstoles, cap. 20, pp. 153, 154.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
