“No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para que todos los que creen alcancen la salvación” (Rom. 1:16).
“Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”. Simone de Beauvoir
En el libro de los Hechos de los apóstoles, Pablo hace esta acusación: “El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha dado el más alto honor a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a las autoridades y a quien ustedes rechazaron, después que Pilato había decidido soltarlo. En vez de pedir la libertad de aquel que era santo y justo, ustedes pidieron que se soltara a un criminal. Y así mataron ustedes al que nos lleva a la vida” (3:13-15). “Ustedes”. “Ustedes”. “Ustedes”… ¿Yo? Lo que sucedió aquel día en el Calvario me confronta con la necesidad de preguntarme: ¿Qué hubiera hecho yo si me hubiera encontrado entre aquella multitud que vio morir a Jesús crucificado? ¿Hubiera yo arrojado la piedra o gritado “crucifícalo”?
Las posibles respuestas que tú des a las preguntas que te acabo de plantear, lejos de llevarte a la autocondenación, deben escandalizarte en el sentido de despertar en ti una actitud siempre cristiana ante el ser humano que tengas delante (sí, aunque sea un criminal). La misma actitud, por cierto, que tuvo Cristo muriendo en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.
Esa actitud de Cristo es y seguirá siendo siempre asombrosa, pasmosa, admirable, es decir, escandalosa. Y nos ayuda a evitar caer en otro escándalo mayor: el de acostumbrarnos tanto a las conductas escandalosas (inmorales y condenables) que ya no nos resulten escandalosas.
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Lecturas Devocionales para Damas 2024
“VIRTUOSA” Ante todo, cristiana
Por: Mónica Díaz
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Adriana Jiménez
