«Jesús le respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente». Este es el primero y más importante mandamiento. Y el segundo es semejante al primero: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.» Mateo 22: 37-40, RVC

LA LEY DE AMOR REQUIERE la dedicación del. cuerpo, la mente y el espíritu al servicio de Dios y de nuestros semejantes. Este servicio, a la vez que nos constituye en bendición para los demás, nos proporciona enormes bendiciones. La abnegación es la base de todo verdadero crecimiento. Por medio de un servicio abnegado, adquieren su máximo desarrollo todas nuestras facultades. Llegamos a participar cada vez más plenamente de la naturaleza divina (2 Ped. 1: 4). Somos hechos idóneos para el cielo, porque lo recibimos en nuestro corazón.— La educación, cap. 1, p. 15-16.
Es un espíritu perverso el que se deleita en la vanidad de sus propias obras, el que se jacta de sus excelentes cualidades, que trata de hacer aparecer a los demás como inferiores, a fin de exaltarse a sí mismo, pretendiendo más gloria que lo que el frío corazón está dispuesto a dar a Dios. Los discípulos de Cristo aceptan las instrucciones del Maestro. El nos ha ordenado que nos amemos unos a otros como él nos amó. La religión está fundada en el amor a Dios, el cual también nos induce a amarnos unos a otros, y está llena de gratitud, humildad, longanimidad; es abnegada, tolerante, misericordiosa y perdonadora. La verdadera religión santifica toda la vida y extiende su influencia sobre los demás.
Los que aman a Dios no pueden abrigar odio o envidia. Cuando el principio celestial del amor eterno llena el corazón, fluirá a los demás, no simplemente porque se reciban favores de ellos, sino porque el amor es el principio de acción que mejora el carácter, gobierna los impulsos, domina las pasiones, subyuga la enemistad y eleva y ennoblece los afectos. Este amor no se reduce a incluir solamente «a mí y los míos», sino que es tan amplio como el mundo y tan alto como el cielo, y está en armonía con el de los activos ángeles.— Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 220-221.
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Devocional Vespertino Para 2020.
«Conocer al Dios Verdadero»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Pilita Mariscal & Martha Gonzalez
