Terror en la avenida

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«Cuando estoy angustiado, llamo al Señor, y él me responde» (Salmo 120:1).

Richard sacudió la arena de su traje de baño, embutió sus pertenencias en la mochila, se enfundó en sus jeans y se colocó una camiseta playera sobre su bronceado torso. Al darle un vistazo al reloj se dio cuenta de que tendría que apresurarse para tomar el siguiente tren para volver a casa. El tren acababa de llegar a la estación, y Richard subió corriendo las escaleras y pasó por la casilla de entrada.

Al llegar a la bulliciosa avenida que estaba cerca de su casa, este chico de trece años se bajó del tren. Salió en la muy transitada Décima Avenida. El recuerdo de los espaguetis preparados por su mamá le hizo emprender un trote a casa. Se detuvo a esperar que el semáforo le permitiera cruzar cuan­do dos autos de la policía se detuvieron frente a él, bloqueándole el paso. Antes de que Richard pudiera decidir qué iba a hacer, dos fornidos policías saltaron de sus autos portando sus armas y le ordenaron que levantara las manos. El lo hizo de inmediato. Después de cachearlo y de preguntarle su nombre, dirección y dónde había estado, los policías le pidieron permiso para revisar su mochila.

—No hay problema —dijo Richard—; pero ¿qué están buscando?

—Sabemos que tú y un ex convicto han estado robando en las casas del vecindario durante las tardes, mientras los dueños están en sus trabajos. Sa­bemos cuál es tu MT —dijo uno de los policías.

—¿Mi MT?

—Tu método de trabajo, amigo. Te hemos estado observando.

—Pero señor, creo que están en un error —dijo Richard mientras movía las manos.

—¡Mantén las manos en alto! —gritó el policía apuntando con la pistola a la cabeza del chico—. El único error es el tuyo y el de tu amigo.

Asustado, Richard observó cómo sus pertenencias eran desperdigadas sobre la acera. Mientras tanto, él oraba.

(Continuará…)

Tomado de:
Lecturas devocionales para Menores 2014
“En la cima”
Por: Kay D. Rizzo

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