«Si se tratara de mí, yo apelaría a Dios; ante él expondría mi caso»
Job 5:8.
Adán había pecado contra Dios y ahora sufría por causa del miedo, la culpa y la verguenza. Decidió esconderse. Cuando fue confrontado por el Creador, le echó la culpa a su esposa y actuó como si hubiera sido tratado injustamente. Claro que Adán sabía que había actuado mal y que su sufrimiento era la consecuencia de sus propios actos, pero no quería asumirlo.
Por su parte Job era íntegro y justo, tal como dice la Biblia; temía a Dios y evitaba el mal. El sufrimiento le llegó como una sorpresa total. Consciente de sus actos y de las intenciones de su corazón, Job no sabía por qué sufría semejante dolor, pero confió en la soberanía divina.
Quizás tú estás pasando hoy por alguna injusticia. Tal vez vives rectamente, como Job y, aun sabiendo que eres pecadora, sufres sin haber hecho nada que justifique lo que te está pasando. Si ese es el caso, confía en la sabiduría divina. Pero si estás sufriendo como Adán, huyendo, escondiéndote bajo excusas sin sentido, haciéndote la víctima, recuerda que ese sufrimiento es consecuencia de tus propias decisiones. No existe tal persecución ni injusticia.
Si estás sufriendo las consecuencias de algún pecado, sin importar hace cuánto tiempo lo cometiste o cuán grave sea, recuerda el consejo de Job en el versículo de hoy. Puedes intentar ocultar tus errores y hasta tener a alguien que te defienda, pero jamás podrás esconderte del Omnipresente y Omnisciente Dios.
Cuando se insiste intencionalmente en aquello que es pecado, hay un agente de Dios recordándonos que es necesario arreglar las cuentas con él. En vez de huir, reconoce, delante de Dios, tu falta, pues «feliz es el hombre a quien Dios corrige; por tanto, no menosprecies la reprensión del Todopoderoso» (Job 5:17). Dios siempre busca a cada hijo e hija para ofrecerle perdón y regeneración.
Aun cuando ese proceso sea doloroso, es eficaz, pues trata al pecado como pecado y provee al pecador el remedio indicado, sin el cual no habrá verdadera cura. Sin ese reconocimiento, ni siquiera Dios puede hacer algo por nosotros.
Adán reconoció su pecado, se arrepintió y Dios lo aceptó. Sé honesta contigo misma. ¿Tu sufrimiento es injusto como el de Job o es, más bien, justo como el de Adán?
El capítulo 5 de Job termina diciendo:
«Esto lo hemos examinado y es verdad. Así que escúchalo y compruébalo tú mismo» (v. 27). Ese es un buen consejo. Pongámoslo en práctica.
Lecturas Devocionales para Damas 2026
“SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Silvia García F.
