Los ojos de todos se posan en ti […]. Abres la mano y sacias con tus favores a todo ser viviente
(Salmo 145: 15, 16).
Cuando nuestras hijas eran pequeñas, yo les preparaba patés de vegetales para sustituir las margarinas, mantecas y otras cremas industrializadas. El paté preferido de la menor era el de berenjena. Muy seguido esa criaturita muy activa y expresiva, y que no conseguía pronunciar las palabras correctamente, pedía: Mami, haz «baté» de berenjena.
Yo me reía por dentro, pero mi corazón se enternecía de cariño. Entonces rápidamente preparaba su «baté» preferido. Ella lo comía con placer, pero mi alegría al verla satisfecha era aún mayor.
Imagínate la gran satisfacción y ternura que el Padre celestial siente cuando nos dirigimos a él. El mayor atributo de su carácter es el amor. Tanto él como las cosas por las cuales se revela dan testimonio de su amor.
«Observa las maravillas y bellezas de la naturaleza. Piensa en su prodigiosa adaptación a las necesidades y a la felicidad, no solamente de cada ser humano, sino de todos los seres vivientes. La luz del sol y la lluvia que alegran y refrescan la tierra; los montes, los mares y las praderas, todo nos habla del amor del Creador. Dios es el que satisface las necesidades diarias de todas sus criaturas» (Elena G. de White, El camino a Cristo, cap. 1, pág. 13).
Fue la desobediencia a la ley de amor la que llevó al mundo al sufrimiento y a la muerte. Pero, a pesar de las consecuencias del pecado, el amor de Dios se revela. Aun las dificultades y pruebas que nos hacen salir de nuestra zona de confort son sus obreras para nuestro bien; son parte de nuestro entrenamiento para salir de la degeneración a la que el pecado nos condujo.
Aun cuando veamos las marcas de la maldición en las tragedias que nos rodean, Dios nos envía, por medio de la naturaleza, mensajes de esperanza y consuelo.
El mayor anhelo del corazón de Cristo es atender a nuestras necesidades. Por eso se hizo hombre. Su amor y bondad nos deben atraer. Su corazón está unido al nuestro.
No permitas que Satanás te ciegue con respecto al carácter de Dios y te haga mirar al Creador amedrentada, como si fuera un juez sin misericordia. Este día, como criaturita pecadora de este mundo impío, que apenas sabe pronunciar sus oraciones, dirígete a él con confianza, pidiendo tu baté de berenjena.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Damas 2026
«SUBLIME BELLEZA»
Por: MARIAN M.GRUDTNER
Colaboradores: Milenia de la Rosa y Esther Peláez
