La mujer tuvo un hijo, y le puso por nombre Sansón, crecía, y el Señor lo bendecía. Jueces 13:24
—Una historia que les gusta mucho a los niños es la de Sansón -—dijo el papá—. El pueblo se apartó de Dios y cayó cuarenta años en manos de los filisteos; pero entre las pocas familias fieles, se encontraba la de Manoa. Un día, la esposa de Manoa estaba trabajando en el campo y se le apareció un ángel, que le dijo que iba a tener un hijo y le dio instrucciones de cómo debía alimentarse. Ella corrió a decirle a su esposo lo que había pasado. Manoa oró y le pidió a Dios que le concediera el privilegio de escuchar las instrucciones a seguir. Otro día en que su esposa se encontraba en el campo, se apareció el ángel; ella corrió a avisarle a su esposo, quien corrió a ver al ángel y le preguntó qué debían hacer con el niño que iba a nacer. El ángel de nuevo dio las instrucciones: el niño sería nazareo, es decir, consagrado al servicio de Dios, y los liberaría de los filisteos.
—Los nazareos no se cortaban el pelo, ¿verdad? —preguntó Susana
—Correcto, ni tomaban vino; debían aprender de temperancia desde antes de nacer —respondió el papá—. El tiempo pasó y nació el niño, a quien pusieron por nombre Sansón. Sus padres lo educaron fielmente como se les había instruido. El niño crecía y empezó a demostrar que tenía una fuerza física extraordinaria. Sus padres sabían que era por su condición de nazareo; todo provenía de Dios. Sansón fue juez de Israel por veinte años y hubiera logrado grandes cosas si hubiera sido fiel a Dios.
Tu oración: Querido Jesús, ayúdame a seguir las leyes de temperancia porque sé que son para mí bien.
¿Sabias que…… si Sansón hubiera sido fiel como sus padres, hubiera podido realizar grandes cosas para Dios?
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Tomado De: Lecturas Devocionales Para Menores 2020.
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Por: Noemí Gil Gálvez
Colaboradores: Carlita Mariscal & Adriana Jiménez.
