viernes , 19 junio 2026
Notas de Ellen G. White 2025

Recibió lo que pidió

 

El Señor había predicho por medio de sus profetas que Israel sería gobernado por un rey; pero de ello no se desprende que esta forma de gobierno fuera la mejor para ellos, o según su voluntad. Él permitió al pueblo que siguiera su propia elección, porque rehusó guiarse por sus consejos. Oseas declara que Dios les dio un rey en su “furor”. Oseas 13:11 . Cuando los hombres deciden seguir su propio sendero sin buscar el consejo de Dios, o en oposición a su voluntad revelada, les otorga con frecuencia lo que desean, para que por medio de la amarga experiencia subsiguiente sean llevados a darse cuenta de su insensatez ya arrepentirse de su pecado. El orgullo y la sabiduría de los hombres constituyen una guía peligrosa. Lo que el corazón ansía en contradicción a la voluntad de Dios resultará al fin en una maldición más bien que en una bendición (Historia de los patriarcas y profetas, p. 656).

Cuando Saúl fue proclamado rey, Samuel había asegurado al pueblo que el peligro futuro sería olvidar el pacto del Señor y no reconocer a Dios como el Gobernante supremo de su nación. Israel había buscado y obtenido una monarquía según su propio corazón, pero Samuel les había dicho que el Señor, en su infinita misericordia, estaba dispuesto a perdonarlos y ayudarlos, si tan solo le temían y le servían de verdad. La cuestión de la conversión de Israel en la casa real del reino de Dios estaba por decidirse. ¿Obedecería explícitamente a Dios el Israel de Dios, con un rey a la cabeza, o no lo haría? O Israel dejaba de ser el pueblo de Dios, o los principios sobre los que se fundaba la monarquía se volvían espirituales y la nación era gobernada por un poder divino. Si Israel fuera enteramente del Señor, entonces el Señor constituiría un reino en el que la voluntad de lo humano y terrenal estaría sometida a la voluntad de Dios, y, por este medio, se preservaría la relación de alianza que instituía a Dios como Gobernante de Israel. La cuestión puede parecer de poca importancia para nuestras mentes finitas; pero distaba mucho de serlo. ¿Escucharía el rey que Israel había elegido al Gobernante de todos los reyes? ¿Rendiría su voluntad y haría la del Padre que está en los cielos? Ninguna monarquía en Israel que no reconociera en todos sus caminos la suprema autoridad de Dios podría prosperar. Mientras el pueblo de Israel se condujera de manera subordinada a Dios, él sería su protección y defensa (The Signs of the Times, 1o de junio, 1888, “The Rejection of Saul”, párr. 2).

Dios había elegido a Israel. Lo había llamado para conservar entre los hombres el conocimiento de su ley, así como los símbolos y las profecías que señalaban al Salvador. Deseaba que fuese como fuente de salvación para el mundo. Como Abraham en la tierra donde peregrinó, José en Egipto y Daniel en la corte de Babilonia, había de ser el pueblo hebreo entre las naciones. Debía revelar a Dios ante los hombres…

Pero los israelitas cifraron sus esperanzas en la grandeza mundana. Desde el tiempo en que entraron en la tierra de Canaán, se apartaron de los mandamientos de Dios y siguieron los caminos de los paganos. En vano Dios les mandaba advertencias por sus profetas. En vano sufrieron el castigo de la opresión pagana. A cada reforma seguía una apostasía mayor (El Deseado de todas las gentes, p. 20).

Notas de Elena G. White para la Escuela Sabática 2025.
2do. Trimestre 2025 «ALUSIONES, IMÁGENES Y SÍMBOLOS: CÓMO ESTUDIAR LA PROFECÍA BÍBLICA»
Lección 04: «LAS NACIONES: PRIMERA PARTE»
Colaboradores: Xiomara  Moncada y Karla González

Matinales relacionados

Para estudiar y meditar

  En los lugares celestiales, “La demanda del Padre celestial”, 1o de...

Un buen final

  El carácter santo de Josué no ostentaba mancha alguna. Era un...

Los peligros de la idolatría

  Por indicación de Josué, se había traído el arca de Silo....

Libres para servir

  La fortaleza de un ejército se mide mayormente por la eficiencia...