«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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«Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, la codicia de los ojos, y la soberbia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo». 1 Juan 2:16
En estos tiempos, el ser humano se ha convertido en un gran exhibicionista. Cada vez más, las personas publican sus «destellos», sus logros y sus pequeños «espectáculos» particulares, con el deseo de ser notadas. No es común ver publicaciones sobre fracasos o selfis con caras tristes.
Hasta hace poco, solo algunas figuras públicas lograban el éxito y lo hacían a través de la televisión. Actualmente, cualquier persona con algo de creatividad, talento y acceso a las redes sociales es capaz de hacerse viral. Internet vino a transformar nuestra vida y terminó convirtiéndose en una gran vitrina de mentiras y ostentación.
No es malo ser parte de una red social, si se usa de manera correcta. Puedes compartir fotos de tu familia, videos de una excursión, por ejemplo. El problema radica en usar esto como un trampolín para promover vanidades y orgullo. Debemos recordar que internet no es una zona neutra de total libertad en la que publicamos lo que queremos. Lo que publicamos delata nuestra espiritualidad y revela nuestra intimidad con Dios. Los dedos «hablan» de lo que hay en el corazón.
Cuando leemos la Biblia, vemos que la ostentación acompaña a la humanidad desde sus inicios. Los constructores de la Torre de Babel, por ejemplo, querían hacerse un nombre (Gén. 11:4). Siglos después, en el apogeo del imperio de la confusión, el rey Nabucodonosor construyó los Jardines Colgantes y otros grandes edificios en Babilonia para la gloria de su propia majestad (Dan. 4:30).
Esta postura no es exclusiva de los pueblos paganos. El rey Ezequías de Judá, en lugar de dar testimonio a la comitiva babilónica sobre los hechos del Señor, mostró riquezas y conquistas materiales. En vez de alabar a Dios por la sanidad, se enorgulleció y demostró lo que en realidad «había en su corazón» (2 Crón. 32:31). Si tuviera una cuenta en Instagram, Facebook, OK, Ezequías publicaría muchas selfis de las glorias de «su» reino.
Y tú, ¿qué sueles publicar? ¿Qué ven tus seguidores en tus redes sociales? Cuida tu corazón, porque de él proceden las fuentes de tu contenido digital. ¡Escapa de la ostentación! Recuerda que los ojos de Dios siempre están sobre ti.
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