viernes , 17 abril 2026
Matinal Para Adultos 2015

Prosigo a la meta

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«Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» (Filipenses 3:14)

El clímax de la experiencia que Pablo narra a los Filipenses sobre la perfección es la expresión enfática «prosigo a la meta». Ante la constatación sincera de su imperfección y previniendo del futuro, Pablo podía adoptar cuatro actitudes diferentes:

  1. Abandonar. Los fracasos del pasado y el reconocimiento de su impotencia no le permiten continuar la lucha, quiere liberarse de la tensión que le provoca la búsqueda de la perfección.
  1. Mostrar inseguridad. Ante los pequeños avances y largos retrocesos, no se atreve a abandonar pero tampoco avanza. En realidad, la situación es cada vez peor, se está empobreciendo.
  1. Justificar los errores cometidos. Tratar de buscar culpables y hacerlos responsables de su estado. Sentirse víctima de las circunstancias. Esta actitud, lejos de exonerarlo, lo envilece.
  1. Proseguir, seguir luchando, perseverar, a pesar de las dificultades y de los fracasos anteriores. Es lo que realmente Pablo hace, con renovados ánimos, le dice al Señor: «Señor, prosigo, cuenta conmigo, ten aún paciencia y ayúdame a mejorar».

Cuando el apóstol pronuncia estas palabras, se encuentra en Roma privado de libertad. En medio de la aflicción de la prisión, escribe a los filipenses y les cuenta que, una vez más, le ha dicho «Si» a Dios, que ha renovado su compromiso con él en la conquista de la perfección, ¿Acaso es necesario el sufrimiento para continuar luchando por la perfección? Hay aflicciones que son verdaderas providencias divinas que nos ayudan a mejorar y a depender mucho más de Dios. Como dice Pedro: «Quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado» (1 Pedro 4: 1).

¿Qué esperaba Pablo al final de esa carrera en busca de la santidad? Literalmente, el premio del combate; como en los Juegos Olímpicos, la recompensa a los que son ganadores. Es curioso, ese premio es «el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús» o dicho de otro modo la renovación del llamamiento de Dios, para Pablo es una repetición de aquel encuentro en su camino de Damasco donde escuchó por primera vez el supremo llamamiento del cielo.

Del mismo modo, en nuestra experiencia cristiana hemos de renovar nuestra adhesión a Dios y decirle muchas veces, en muchas circunstancias, «Sí, Señor, prosigo al blanco, cuenta conmigo». El Señor nos reitera insistentemente su vocación santa, su promesa. la seguridad de la perfección en Cristo.

Tomado de: Lecturas devocionales para Adultos 2015
“Pero hay un Dios en los Cielos”
Por: Carlos Puyol Buil

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