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Matinal Para Damas 2015

Con los brazos en alto

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Aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. 2 Corintios 10:3, 4

En el Antiguo Testamento se narra una batalla memorable. Moisés estaba en la cima de una colina, con sus brazos extendidos hacia el cielo y con la vara de Dios en su mano. Lo notable es que, mientras él tenía sus brazos en alto, los israelitas triunfaban; pero, cuando se cansaba y bajaba sus brazos, el enemigo prevalecía. El problema es que no solo se le cansaban los brazos, sino que también flaqueaban sus piernas. Por eso consiguieron una piedra para que se sentara, y dos personas le sostuvieron los brazos en alto hasta que el enemigo huyó.

Nosotros también somos protagonistas de una gran batalla. Bien lo dice Elena G de White: “Mientras los hombres desconocen los artificios de tan vigilante enemigo, este les sigue a cada momento las pisadas. Se introduce en todos los hogares, en todas las calles de nuestras ciudades, en las iglesias… confundiendo, engañando, seduciendo, arruinando por todas partes las almas y los cuerpos de hombres, mujeres y niños, destruyendo la unión de las familias, sembrando odios, rivalidades, sediciones y muertes” (El conflicto de los siglos, cap. 31, p. 498).

Nuestro mundo es el campo de batalla entre los poderes del bien y del mal. Cuando nuestros brazos están extendidos hacia el cielo, tenemos paz; cuando los bajamos, hay angustia. Cuando levantamos en alto nuestros brazos, nuestro hogar es un refugio de bienestar y tranquilidad; cuando nuestros brazos se cansan y caen, se torna en un foco de disputas y hostilidad. Cuando Dios gana la batalla en nuestro matrimonio, el hogar se convierte en un lugar de armonía y orden; cuando prevalece el enemigo, se torna en un epicentro de tormentas y conflictos.

Por eso, debemos “permanecer con nuestros brazos en alto a favor de nuestros hijos, nuestro matrimonio y nuestro hogar. La historia de Moisés nos muestra los resultados de la perseverancia y del apoyo. Mantener los brazos en alto no fue fácil, pero bajarlos no era una opción.

Nibia Mayer

Tomado de: Lecturas devocionales para Damas 2015
“Jardines del alma”
Por: Diane de Aguirre

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