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Pon, oh Jehová, guarda a mi boca: guarda la puerta de mis labios. (Salmo 141:3)
Al servirse del lenguaje, no hay quizá otro error que jóvenes y ancianos pasen por
alto con tanta ligereza como el de las palabras rápidas e impacientes. Piensan que basta la
excusa: «Estaba desprevenido, y no tenía intención de decir eso.» Pero la Palabra de Dios
no lo pasa por alto…
La mayor parte de las molestias, amarguras e irritaciones de la vida se deben al hecho
de que no se controla el temperamento. En un momento, pronunciando algunas palabras
descuidadas, precipitadas y apasionadas, se puede hacer un daño que toda una vida de
arrepentimiento no podrá subsanar. ¡Ah, cuántos corazones se destrozan, cuántos amigos se
enajenan, cuántas vidas se arruinan á causa de las palabras ásperas y precipitadas
pronunciadas por aquellos que podrían haber impartido ayuda y saneamiento… El hombre
por su propia fuerza no puede gobernar su espíritu. Pero por medio de Cristo puede
alcanzar el dominio propio. (ST, 25-05-1904)
Se necesita firmeza uniforme y control desapasionado para la disciplina de cada
familia. Decid lo que pensáis con calma, proceded con consideración y llevad a cabo lo que
habéis dicho sin desviaros un palmo…No os mostréis ceñudos ni permitáis que una palabra
dura se escape de vuestros labios. Dios escribe todas estas palabras en su libro de
memorias. (3T:532)
El exceso de trabajo a veces nos hace perder el dominio propio. Pero el Señor nunca
exige procedimientos rápidos o complicados. Muchos acumulan cargas que el
misericordioso Padre nunca depositó sobre ellos. Y las obligaciones que él nunca pensaba
imponerles se suceden una detrás de otra vertiginosamente. Dios quiere que comprendamos
que no glorificamos su nombre cuando aceptamos tantas tareas que estamos sobrecargados,
por lo cual nos desanimamos mental y espiritualmente, y nos irritamos con facilidad.
Solamente debemos llevar las responsabilidades que el Señor nos da, confiando en él,
conservando así nuestro corazón puro, afectuoso y compasivo. (ST, 25-05-1904)
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Devocional Vespertino
“Mi Vida Hoy”
Marzo – Una vida consagrada
Por: Elena G. de White
