«Cercano está el Señor para salvar a los que tienen roto el corazón y el espíritu». Salmo 34:18, RVC
NO PIENSEN que porque han cometido errores tienen que estar siempre bajo condenación, porque esto no es necesario. […]
¿Miraremos a nuestros pecados, y comenzaremos a quejarnos y a decir: «Actué mal y no puedo acercarme a Dios con confianza»? ¿No dice la Biblia: «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad»? (1 Juan 1:9). Es bueno que comprendamos el terrible carácter del pecado. Fue el pecado el que hizo que Cristo sufriera la muerte ignominiosa del Calvario. Pero mientras debemos comprender que el pecado es algo terrible, no hemos de prestar atención a la voz del adversario, quien dice: «Has pecado y no tienes derecho de reclamar las promesas de Dios». Tenemos que decirle al adversario: «Escrito está “Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo”» (1 Juan 2:1). […]
El salmista dice: «Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: “Confesaré mis rebeliones a Jehová» y tú perdonaste la maldad de mi pecado» (Sal. 32:5). […] Esta es la clase de experiencia que nosotros debiéramos tener.— Carta 97, 1895, pp. 8-10.
A David se le perdonaron sus transgresiones porque humilló su corazón delante de Dios en arrepentimiento y contrición de alma, y creyó que se cumpliría la promesa de que Dios perdonaría. Confesó su pecado, se arrepintió y se convirtió. En el arrobamiento que le producía la seguridad del perdón, exclamó: «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad» (Sal. 32:1, 2). La bendición viene a causa del perdón; el perdón viene por la fe de que el pecado confesado, y del cual la persona se ha arrepentido, es llevado por el gran Portador del pecado. Así, de Cristo proceden todas nuestras bendiciones. Su muerte es su sacrificio expiatorio para todos nuestros pecados. Él es el gran medio a través del cual recibimos la misericordia y el favor de Dios.— Manuscrito 21, 1891.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

