«Y no solo esto, sino que nos alegramos aun en las tribulaciones, al saber que la tribulación produce paciencia; y la paciencia produce un carácter probado; y el carácter alienta esperanza». Romanos 5: 3, 4
Hace años, participé Con el cuarteto Arautos do Rei de una programación en los Estados Unidos. A mitad de semana, visitamos las cavernas de Luray, al norte del estado de Virginia. Me impresionó belleza y la grandiosidad de ese lugar, descubierto en 1878 por cinco residentes locales. La cueva tiene 2,4 kilómetros de extensión y cuenta con una cantidad enorme de estalactitas y estalagmitas, de tamaños variados y colores que van desde el dorado hasta el verde claro.
Lo que más me llamó la atención fue que todas esas formaciones rocosas se construyeron gota agota; a partir de la sedimentación y la cristalización de minerales disueltos en el agua. A lo largo de los años, esas piedras derramaron «lágrimas», y entonces sus contornos comenzaron a reflejarse en hermosas piscinas naturales que parecían más bien espejos.
Al final de la caminata, nos sorprendió una, música producida por un órgano electrónico conectado a las estalactitas. Sumados a la acústica de ese salón subterráneo, escuchamos sonidos realmente «cavernosos». Nos emocionamos tanto que pedimos permiso al guía para cantar a capela la canción Al cielo yo voy. Por la reacción de los demás turistas, creo que a todos les gustó.
Al salir de aquel lugar me quedé pensando que la construcción del carácter ocurre de manera similar a la formación de las cavernas. Como un gran castillo subterráneo el carácter se forma día tras día, «gota a gota», hasta crear una estructura permanente. Elena, G. de White afirmó que «la formación del carácter es la obra de toda la vida, y es para la eternidad» (Conducción del niño, p: 172). Así como sucede con esas rocas calcáreas, nuestro: carácter se forma por el «goteo» de los pensamientos, acciones y hábitos que acariciamos a lo largo de la vida. En ese proceso, hay lágrimas y tribulaciones. Pero si miramos constantemente a Jesús, nuestro corazón se llenará con las bellezas de su gracia.
¿Cómo estás construyendo tu carácter? ¿Qué tipo de «piedras» estás formado? ¿Qué hay debajo de tu superficie? Pídele a Dios que modele tu carácter a su imagen. Así, reflejarás cosas buenas y emitirás sonidos agradables.
«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
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